Opinión

Hablar de valores, en política, es pecado

Hablar de valores, en política, es pecado

jueves 9 de agosto de 2018 - 12:00 a.m.
Victoriano Rodríguez S.
diostesalvepanama@yahoo.com

En la presidencia de la República se maneja, usa o mal utiliza la ‘partida discrecional', donde cada presidente dispone de ese dinero, que es nuestro, como si fuera suyo

Cada cinco años reinicia la historia. El proceso político eleccionario, con campañas llenas de propagandas, cual viejas películas repetidas o nuevas con los mismos actores que ya han participado en diferentes guiones, con similar desdén.

Somos una sociedad crítica de esa mala práctica, pero admite y permite seguir siendo engañada y saqueada. Los mismos discursos con promesas que jamás cumplirán, no porque sea imposible hacerlo, más bien porque no hay voluntad política.

La corrupción está en niveles insospechables. El robo despiadado al erario público se agiganta. Se permiten aprobar o incluir en el presupuesto partidas presupuestarias, como la 080, 172 y 171 para nombramientos, muchos ficticios, de empleadas domésticas, hijos, parejas, negocios personales, fincas, ONG, etc., y/o consultorías innecesarias; inclusive, los diputados incrementaron su partida 080 de cuatro mil dólares mensuales a treinta mil.

Desconozco que uno solo de los diputados haya publicado sus contratos por la 080, lo que evidencia que en las elecciones y reelecciones será ‘más de lo mismo'. La corrupción se incrementa. Quienes ejercieron un cargo de elección pretenden reelegirse o saltar a otro bajo el pretexto que ‘lo hará mejor en el periodo venidero'. Otra mentira. Un viejo adagio expresa: ‘Árbol que crece torcido, jamás endereza'.

En la presidencia de la República se maneja, usa o mal utiliza la ‘partida discrecional', donde cada presidente dispone de ese dinero, que es nuestro, como si fuera suyo. Si actualmente son 14 millones anuales, serían 70 millones en cinco años.

Desdichadamente los electores escogen al menos malo, al mejor de los peores, a quien mejor miente, al que ofrece más dádivas, pero jamás a quien promueve valores, ofrece honestidad y dignidad. A esos niveles hemos llegado.

Hablar de valores es pecado, ya se atenta contra la familia abierta y flagrantemente quienes gobiernan. Quizás los más votados pudieran mantener el mismo esquema que el pueblo repudia.

Requerimos de un cambio verdadero. Donde la riqueza nacional permee hacia abajo, al pueblo. Dios te salve, Panamá.

Economista, educador, humanista.

La corrupción se incrementa. Quienes ejercieron un cargo de elección pretenden reelegirse o saltar a otro bajo el pretexto que ‘lo hará mejor en el periodo venidero'


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