Opinión

Estafas cotidianas 

Estafas cotidianas 

lunes 26 de octubre de 2020 - 12:00 a.m.
Miguel Antonio Bernal V.
miguelantonio.bernal@gmail.com

Todavía hay quienes insisten en creer que el dinero público que el Gobierno utiliza para su enriquecimiento personal no es de nadie

El presente Gobierno, muy tempranamente, optó por abandonar las vías clásicas de la corrupción para montarse en las autopistas de las estafas cotidianas.

Más gente de lo debido quiso -con un masoquismo sui generis-, autoengañarse y creer que la empresa criminal conjunta que se presentaba como integrada por querubines de la política, iban a conducir al país a mejores puertos. Sin embargo, la realidad les ha obligado a abrir los ojos, aún cuando hay cualquier cantidad de integrantes de la población local que siguen postrados ante la falacia gubernamental y su lumpenpopulismo  cotidiano.

Todavía hay quienes insisten en creer que el dinero público que el Gobierno utiliza para su enriquecimiento personal no es de nadie. Pero resulta que es nuestro y no de ellos. Y, ese dinero público que a diario nos estafan, desnaturaliza los fines que la ciudadanía debe obligar al Gobierno a cumplir con transparencia absoluta y permanente rendición de cuentas.

Pero,  no es así. Cotidianamente vemos cómo las desigualdades existentes no cesan de aumentar. La calidad de vida desciende a alta velocidad, mientras que los bienes y los servicios públicos se han convertido en verdaderos espejismos. Nuestros derechos sociales, políticos y económicos son burlados por las prácticas cotidianas de un lumpenpresidencialismo desesperado en hacernos creer que lo privado es más eficiente que lo público y que se debe apoyar a la banca y no a la salud, la educación y la seguridad ciudadana.

Ahora, que ya empezaron con su cacareado “diálogo” a destapar sus verdaderos propósitos con la Caja de Seguro Social y con el IDAAN, para perpetrar alegremente sus robos con desfalco, vemos cómo las cúpulas de la partidocracia y la burocracia empresarial y sindical, acuden prestos a auxiliar la nueva piratería anticiudadana.

Durante la primera mitad del siglo XIX, la gran burguesía francesa tenía como consigna el “Enrichissez vous”  (“Enriquézcanse”), consigna con la cual impuso el mecanismo moral que abrió las puertas a la corrupción que erosionó a la sociedad. El fantasma del escándalo de la corrupción de la Compañía Universal del Canal, renace hoy nuevamente en Panamá, en el amplio abanico de expedientes de estafas, fraudes, peculados, prevaricatos, etc, que van de la mano de encopetados funcionarios, de ministros intocables, de diputados embotelladores, de jueces, magistrados, fiscales, procuradores, contralores y demás integrantes de la empresa criminal conjunta, que ha secuestrado el erario para sus fines personales.

Debemos, los ciudadanos, ponerle un alto a esta vorágine de estafas cotidianas. Debemos actuar y defender nuestro derecho a la dignidad y repudiar la lumpenería que nos desgobierna. Solo un proceso constituyente originario podrá permitirnos hacer el camino necesario para controlar este jercicio irracional del poder político imperante.


Catedrático en UP


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