Espectáculos

‘Liov', el peso en la espalda de Diego Sinniger

‘Liov', el peso en la espalda de Diego Sinniger
Eduard Serra

viernes 12 de octubre de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción Digital El Siglo
online@elsiglo.com.pa

El montaje fue ganadora del Certamen Coreográfico de Madrid, 2017

Por: Félix Ruiz Rodríguez 

¿Alguna vez ha escuchado la frase “llevo un gran peso en mi espalda”, al referirse a las responsabilidades, problemas, situaciones y circunstancias con las que tenemos que lidiar a diario? En una especie de sueño o de espejismo interno, esa es, precisamente, la constante situacional y del movimiento que nos lleva a escena el coreógrafo y bailarín español Diego Sinniger, a través de su obra “Liov”.

Sinniger y “Kiko” (Francisco López), su compañero de dúo, aparecen en medio del silencio, en un cuarto oscuro, donde un cenital (de pobre luz amarilla) dibuja una especie de tinglado redondo. Las ropas de ambos en tonos ocres y verdes le dan sobriedad a la escena, pero también trae a la memoria el aspecto de las hojas al llegar el otoño, cuando pierden su color y entregan su vigor a su verdugo el tiempo.

Como tigres enjaulados, los protagonistas se desplazan por el escenario, uno parece ser acechado por el otro: lo sigue, le pone una mano en el hombro, lo hala del brazo. Empieza un combate de cuerpo a cuerpo.

Entre saltos, acrobacias y secuencias de piso, se asoma una relación enfermiza, de esas en que la persona está atormentada, pero termina acostumbrándose y aceptando a su martirizador. Los bailarines se convierten en uno, en un abrazo de aceptación, tras lo que se retoman movimientos rudos hasta parecer solo harapos, hojas al viento, las mismas que en el otoño caen de los árboles caducifolios.

El agotamiento físico es evidente y lo hacen evidente con una respiración pronunciada –aunque uno más que otro-. Sin embargo, los intérpretes nunca pierden su fuerza, destreza y dramatismo. En lo anterior, Sinniger hace gala de la influencia de Stanislavski y de Jacques Lecoq, de la que se ha hecho confeso, al hablar del gesto en la danza contemporánea.

Al decir que uno parecía más agotado que el otro, permanece perenne la imagen del rostro sonriente de “Kiko”, siempre sonriente. El gesto de un gladiador triunfante al que el agotamiento no pasa la factura. Esto hace pensar, y casi afirmar, que es una lucha desigual. Una batalla más íntima, en el adentro y, por qué no, hasta espiritual, como aquellas historias místicas de demonios sexuales que acosan a las personas mientras duermen y los paralizan, mientras se posan sobre ellos para robar su energía.

Por otro lado, hablar de “Liov” es también hablar de las emociones y del cuerpo. Algunos estudios sobre las emociones y su manifestación corporal señalan que cuando se carga con muchas presiones externas e internas estas terminan por doblegar físicamente a la persona en determinadas áreas musculares. Por ejemplo, se dice que un dolor cervical es porque le preocupa demasiado su futuro; un dolor en la espalda, porque debe hacer frente a muchas responsabilidades o un dolor en las muñecas se asocia a deseos u objetivos que no puede alcanzar.

¿Pero qué pasa cuando peleamos contra esas frustraciones o cuando nos rendimos ante ellas? Yo digo que es allí donde la obra Sinniger toma mayor relevancia, es él quien ha manifestado a sus estudiantes y entrevistadores que su técnica y talleres de danza contemporánea giran en torno a la conciencia muscular y del movimiento, por ende. Es allí donde “Liov”, quizás, inicia su historia o su fin.


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