Curiosidades

El que se va de la Villa pierde más que la silla

El que se va de la Villa pierde más que la silla

sábado 30 de mayo de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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La Rosita aprovechó la cuarentena para cortar palitos con el viejo. La dama, viviendo en la flor de los cuarenta y pocos, se enredó con el jubilad...

La Rosita aprovechó la cuarentena para cortar palitos con el viejo. La dama, viviendo en la flor de los cuarenta y pocos, se enredó con el jubilado por asuntos crematísticos y con el pasar del tiempo se acostumbró a las visitas en las tardes. El don se jubiló con el mínimo y para mantener las dos casas, se zurraba vendiendo carne en el mercado público desde antes de que saliera el sol hasta las 2 de la tarde, cuando salía disparado como una bala para el oeste, donde vive su amada Rosa. El amor nocturno ha sobrevivido tantos años que la esposa del don se acostumbró a sus regresos a las diez de la noche, y ya sin ningún tipo de excusas, ni caras de baratas.

Desde que estalló la pandemia y prohibieron los viajes, el don se quedó con el primer frente. Rellenaban las horas viendo noticias y novelas extranjeras. El don era comer de comer como un barril sin fondo. Y no pedía cualquier tipo de alimentos. Hasta frutas exigía para los postres. Así marchaban las cosas mientras la cuarentena se prolongaba de manera indefinida. Si el don Juan estaba sufriendo por no poder visitar a su amada Rosa no lo demostraba. tampoco es de esos que usan celulares y hasta videollamadas saben hacer.

Tan pronto como aflojaron la cuarentena, el don se alistó y se fue a tomar su respectivo diablo rojo. Como antes, como siempre, nunca dice a dónde va ni a qué hora regresa. El primer frente se imaginó que se iba a los brazos de la otra, pero eso tampoco pareció quitarle la concentración para ver la novela esa donde la hija le quitó el novio a la madre y luego se lo compartía con una amiga. En la tarde de desplomó un aguacero bíblico de esos que se ven pocas veces y que llevan a uno a pensar que caerán pescados del cielo, tal como se le dice a los niños en los campos invisibles de la nación.

Lo que todos ignoraban era que el don salió con un plan bien calculado. En el tiempo que le permiten salir a la tercera edad pensaba y regresar en dos días después, calentar la cama de la Rosa al menos una noche completa. La estrategia, milimétricamente calculada, tenía sus fallas por una sola razón, nunca le preguntaron a la otra parte su opinión del asunto. Cuando el don iba llegando a la casa de Rosa, los perros que los mata la pereza ni se molestaron en salir a saludar. La Rosa estaba en el patio y apenas lo vio hizo como si nada y se metió a la casa. El don apuró los pasos pensando que aquello era una señal, que la dama estaba urgida de amor y corría a preparar la cama. Don Juan entró a la casita con una gran sonrisa en el aquel rostro con más pliegues que un acordeón en descanso. La Rosa no dejó ni que se sentara y le mandó una lluvia de reclamos. Que por no tener los...para irle a dejar la plata, ella tuvo que salir a guerrear por un cartucho de comida. Que por su abandono ella estaba en la lipida y que ya no lo necesitaba, que el que se iba de la Villa, perdió más que su silla. El don no le quedó de otra que salir corriendo de aquel sitio. No sin antes mirar que en el alambre de colgar ropa se movían con el viento unos pantalones y suéteres que él no conocía.

El amor nocturno ha sobrevivido tantos años que la esposa del don se acostumbró a sus regresos a las diez de la noche, y ya sin ningún tipo de excusas, ni caras de baratas.
 

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