Curiosidades

Un viático para seis…

Un viático para seis…

domingo 28 de julio de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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La realidad actual de Cecilio era repartir el flaco viático entre las seis mujeres y que a cada una le tocaran 200 dólares

La mujer de Cecilio había llamado varias veces preguntando si ya les habían entregado el viático a los funcionarios que iban para El Chirriscazo. No señora, aún no, contestaba la secretaria con una amabilidad que ya empezaba a desmoronarse por la insistencia de la esposa de Cecilio, a quien en la entidad lo conocían como el feo con suerte, de la que daban testimonio varios hijos de diferentes mamás, razón por la que Cecilio siempre imploraba: ‘Ya suéltame, Jesusito, ya está bueno de cargarme la mano, me paso el año entero pidiendo prestado y luego escondiéndome de los que me prestaron, mira mi ropita de siempre, suéltame, coño'. Encima tenía que soltarle a la secretaria para que dijera que el pago estaba retardado, además, sus otras mujeres empezaban a velar el viático y lo jodían tanto con eso que una vez cayó despapayado en el banco. ‘Es que allá afuera están las cinco mujeres de la calle y también la Eva 1 esperando que él haga efectivo su viático para quitarle toda la plata', le dijo un compañero al paramédico que llegó a auxiliar al desmayado. El profesional, que conocía al dedillo todos esos percances, mandó a desalojar el exterior del banco y apenas Cecilio se recuperó lo pasó por delante de los que hacían fila para que cobrara su cheque y con la platita en la cartera lo sacó en una camilla, apenas se alejaron de donde estaban las mujeres ‘en espera de' le dijo ‘levántate, perro, y no les des ni sebo a esas pedigüeñas, quieren cobrarle a uno y bien que gozan también cuando uno se las come, descaradas, quieren cobrar por gozar'. Pero ese salvaquemones no aparecía todos los días.

La realidad actual de Cecilio era repartir el flaco viático entre las seis mujeres y que a cada una le tocaran 200 dólares, cantidad mínima exigida por ellas, sobre todo Eva 1, la esposa, que ignoraba las ‘otras' responsabilidades de su marido.

Cecilio pegó el grito al cielo cuando regresó del banco y vio a su mujer en la oficina preguntando si ya a él le habían dado el viático. ‘Desde ayer, mire que ahí regresa de cambiarlo', dijo una secretaria que sustituía a la de planta en la hora de almuerzo.

¿Cómo es eso que te dieron el cheque ayer y no me dijiste nada?, le preguntó Eva 1 apenas lo vio entrar. Cecilio se quedó como pegado con harina de yuca en la puerta, no atinaba ni a dar un paso ni supo qué contestar. No duró mucho su sufrimiento porque Eva 1 le gritó:

Háblame claro, qué pasa con esa plata, háblame claro, Cecilio, y lo arrecochinó contra la pared más cercana. ¿Dónde está la plata?, preguntaba y aumentaba evidentemente su ira mientras le halaba las canas y lo sacudía.

Cuando se cansó empezó a forcejear con él para sacarle la cartera. ‘Vámonos para la casa, que allá te daré la plata', se defendía él, pero ella estaba demasiado apurada a tener el dinero en su poder, y el otro luchaba a brazo partido porque sabía que el viático ya estaba en menos de la mitad, así que no le tocó otra que huir perseguido por su mujer, quien lo llamaba con palabras tan puercas que Cecilio jamás imaginó que las tuviera en su vocabulario.

El sobrepeso de la esposa y la edad, que no perdona las rodillas femeninas, la mandó al piso en la persecución y le tocó al mismo Cecilio regresar a levantarla y llevarla al Cajetón, donde demoraban tanto en atenderla que la misma esposa exigió una clínica particular, sitio en el que sí la atendieron enseguida. Cuando se le calmó el dolor y le leyeron las radiografías, la esposa se puso tan contenta porque no tenía fractura que le creyó a Cecilio que toda la plata del viático se había ido en el pago de los rayos X y las inyecciones contra el dolor y ella dijo serena ‘bueno, gracias a Dios tenías esa platita para que me calmaran ese dolor que me estaba matando'.

Cuando se le calmó el dolor y le leyeron las radiografías, la esposa se puso tan contenta porque no tenía fractura que le creyó a Cecilio que toda la plata del viático se había ido en el pago de los rayos X y las inyecciones contra el dolor y ella dijo serena ‘bueno, gracias a Dios
 

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