Curiosidades

Venganza

Venganza

viernes 11 de enero de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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En eso pensaba cuando lo vio levantarse y comprobó que mirándolo sin rabia, aquel se veía hasta mejor que su Ramiro

A Miriam se le bajaron todos los ánimos cuando lo tuvo enfrente. Tantos días anhelando ese momento y nada más verle la cara de bonachón la desarmó, así que respiró fuerte y se alejó con su bandeja de comida sin dejar de pensar que el señor no estaba ni tan feo tan viejo como ella se lo había imaginado desde que le dijeron que la amante de su marido estaba casada con un viejo.

En eso pensaba cuando lo vio levantarse y comprobó que mirándolo sin rabia, aquel se veía hasta mejor que su Ramiro, que era el padre de sus hijos y con quien llevaba veinte años de casada, y le volvió la ira que no se le salía del alma desde que supo que su hombre tenía otra y decidió conservar su núcleo familiar intacto hasta que sus tres hijos terminaran la universidad que recién habían iniciado.

Y se lo dijo así mismo a sus amigas: ‘Ese infeliz jamás volverá a encontrarme en la intimidad, me hallará de cuerpo, porque es obligación, pero de eso a que me encuentre a mí disfrutando estar con él, NUNCA, JAMÁS, NUNCA. Ahí me tiraré en la cama y ni siquiera lo abrazaré, que lo haga él solo mientras yo le pido a la vida que termine rápido. Con esa actitud de brazos caídos, mente en cero y piernas abiertas le haré el mayor de los desprecios, y él nunca sabrá por qué, porque no pienso ni reclamarle lo que supe, eso escríbanlo con sangre'.

Fue esa misma noche que comenzó su venganza, cuando Ramiro pidió saladito, ella no se negó, pero el hombre, que usó manos, lengua y boca, no logró ninguna reacción; y cuando le preguntó qué le pasaba, Miriam contestó fríamente que no le pasaba nada, y en ese momento tomó la decisión de hablar con el marido de Gina, la amante de Ramiro, y tras una inversión de tres cifras consiguió el nombre del marido y la dirección de la casa, adonde no se atrevió a llegar, y empezó a perseguirlo hasta esa mediodía que lo halló en el restaurante.

‘Señor, señor, usted es el señor Pepe Rondón', le dijo cuando este tenía un pie afuera del restaurante, y aquel le dijo yo mismo soy, en qué la puedo ayudar. No pudo Miriam echarse a llorar tan tristemente que el desconocido se alarmó y la invitó a sentarse, pero esta vez, tampoco pudo ella decir algo, así que sacó un cartuchito de su cartera y le dijo tímidamente: ‘Creo que esto es de su señora, lo encontré en el asiento trasero del carro de mi marido'. Y se fue casi que huyendo, condolida de que sabía que le había roto el corazón a un hombre bueno y guapo, que esa misma noche puso la diminuta prenda en la cama, para estudiar la reacción de su mujer, pero esta llegó y se tiró a la cama supuestamente demasiado agotada, le tocó entonces enfrentarla.

‘Esto te lo trajo Ramiro', le dijo mostrándole la ropa interior, y Gina se levantó iracunda acusándolo de maltrato físico, advirtiéndole que llamaría a la Policía para que se lo llevaran preso por querer asfixiarla. ‘Ya verás a quién le van a creer', amenazó ella, que jamás pensó que Pepe tuviera ánimo para echarla del hogar, y cuando este lo hizo, ella le gritó triunfadora: ‘Ya me voy, y me voy feliz'.

Y se fue, pero la suerte no la acompañó, porque cuando llamó a Ramiro para avisarle que estaba, por fin, libre, este se retractó de lo dicho, y le anunció que con él no contara, que no estaba en sus planes abandonar su hogar. Le tocó a ella volver al hogar paterno, quedándose sin marido y sin amante.

Ama, perdona y olvida, si no, la vida te lo recordará mañana.
 

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