Curiosidades

Por unos ‘melones'

Por unos ‘melones'

martes 21 de enero de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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El sueño de Osiris era ponerse unos implantes de esos que se ponen en Colombia por menos plata que acá.

El sueño de Osiris era ponerse unos implantes de esos que se ponen en Colombia por menos plata que acá. Este era una meta que se ponía en enero, cuando iniciaba el año, y que nunca cumplía. No cumplía porque sencillamente con el salario de salonera en un restaurante no tendría nunca esos 2 mil palos que le había dicho una comensal que podría salir el asunto.

Hasta que llegara esa fuente de financiamiento, Osiris le tomó la palabra al peluquero y se fue al almacén por esos agrandadores que hasta parecen de verdad. Y viéndola bien, a la guial, solo le faltaba eso para quedar como de comercial de bikinis. Era alta, de piel blanca y cabellera de esas que tienen las mujeres en la comarca. La cintura se le ha ido creciendo con los años, pero con unas fajas de esas que reducen, la silueta queda más que bien.

Consíguete a uno de setenta, que esos no ponen muchos peros, y les ofrecen préstamos sin papeles, le aconsejaba una compañera de trabajo. A Osiris no le desagradaba la idea, el asunto que según ella no era buena para entrarle a la gente, más bien su carácter de provincia, no le permitía ser entrona. Una tiene que pelear por lo que quiere, la envalentonada la compañera, otra salonera, que la venían a recoger todas las tardes en un taxi bien piquetoso.

Aquella tarde, cuando vieron que don Lolo entraba por la puerta apoyándose en su bastón, las dos damas se miraron con una complicidad como diciendo, ataca. Osiris se fue a la nevera, sacó agua y buscó un vaso y el menú y se fue toda melosa la mesa donde estaba don Lolo, a quien le tiró un piropo amelcochado.

El don, ya trapendo los setentas, si lo escuchó no mostró una gran alegría por sentirse querido. Pidió una sopa y un arroz blanco y se pudo a comer despacito. Osiris se sentó al lado y comenzó a hablarle de la situación económica que estaba pasando y de la urgencia que tenía para cumplir con el alquiler, que de paso, el dueño se había alagartado y casi le dobló la mensualidad.

El don escuchaba todo sin decir palabra. Quizás intuía hacia dónde se dirigía la cosa, quizás pensaba que le había llegado el momento de echar una canita al aire. Osiris atendía a otros clientes y volvía por si el don requería algo.

Como el caballero no tomaba ningún partido, Osiris recordó los consejos de la compañera, tienes que lanzarte, en algunos casos, porque de lo contrario no cruzas el charco. Y fue así como Osiris le preguntó al don si no tenía algún camarón para ella los fines de semana, mejor dicho, el viernes, que estaba libre en el restaurante. Al don se le iluminaron los ojos apagados que esconde detrás de unos lentes gruesos que se amarra detrás de la cabeza y acordaron una cita para a semana entrante. Le dio la dirección y quedaron de verse a las cinco de la tarde. Lo tienes blandito, de ahí para la financiera por el préstamo, le dijo la compañera a Osiris cuando le contó toda la sopa.

El don escuchaba todo sin decir palabra. Quizás intuía hacia dónde se dirigía la cosa, quizás pensaba que le había llegado el momento de echar una canita al aire
 

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