Curiosidades

Travesuras de Momo

Travesuras de Momo

martes 30 de enero de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Y celebró la fiesta de bienvenida a Momo, ignorando a los moradores que le dijeron que el pueblo aún estaba de luto

A cercanía de los Carnavales tenía revuelta a la gente de El Chirriscazo, porque Roberto, recientemente mudado a ese pueblo, había logrado que las autoridades le dieran permiso de poner un toldo en un lote baldío contiguo al cementerio, lo que para los lugareños era casi un sacrilegio, y así se lo dijeron, pero aquel andaba con mucha hambre de plata y no les hizo caso.

‘Todavía no hace ni un año del caso de los tres muertos', insistieron, pero Roberto les mostró el permiso y añadió que la fiesta de la izada de la bandera del Carnaval iba porque iba o él dejaba de llamarse como se llamaba.

Y celebró la fiesta de bienvenida a Momo, ignorando a los moradores que le dijeron que el pueblo aún estaba de luto.

El lugareño más viejo llegó adonde Roberto supervisaba la venta de las frías y le soltó la leyenda: ‘Cuando murió Sergio, su mujer, Eufemia, se aferró al féretro suplicando que no lo metieran en la bóveda. El padre la recriminaba: ¡Deje la lloradera, hija, usted puede conseguirse otro!, pero Eufemia gritó que se quedaría viuda para siempre, por los siglos de los siglos, porque el manduco de Sergio era único y que había roto todos los moldes'.

Los enterradores aprovecharon la perorata sobre el pene del difunto, metieron el cajón y sellaron; cuando la viuda acabó de convencer al padre de que no cabía la posibilidad de reemplazar a Sergio descubrió todo y se puso histérica.

A punta de gritos le arrancó al viejo padre la promesa de construirle una bóveda pegadita a la del marido muerto, para que la metieran allí cuando falleciera. ‘Mañana mismo', prometió el don a cambio de que su hijita abandonara el camposanto. ‘Nunca te olvidaré y siempre te amaré', le gritó ella antes de salir, olvidando por completo que nunca y siempre es demasiado tiempo, y que viuda joven que mucho llora tiene llanto para una hora, porque antes de tres meses se casó con un foráneo que llegó por ahí vendiendo brillos para blanquear pailas, lo que aumentó la tristeza de la mamá de Sergio, quien comentó que era puro teatro la lloradera en el cementerio y gran capricho mandar a hacer esa bóveda al lado'.

Solo un mes duró el nuevo matrimonio de Eufemia, porque el hombre se le enculó con una sobrina de ella y la cambió, dejándola en una crisis de melancolía a la que no sobrevivió.

La noticia del sepelio de Eufemia se difundió rápidamente y por puro morbo asistió mucha gente a la que le tocó escuchar el grito rotundo y salido de las honduras más profundas de un corazón materno. ¡¡¡¡¡¡¡¡AHÍ NO LA METAS!!!!!!!!, gritó la mamá de Sergio cuando el padre de Eufemia intentó meter la caja en la bóveda paralela a la de Sergio. El viejo no le hizo caso y actuó, pero la dama, perdida toda la cordura, sacó el féretro y le dio varios mazazos. La impresión derrumbó al don que cayó encima de la doña, quien no pudo esquivar el pesado cuerpo y sufrió un desmayo que aprovecharon los presentes para meter el cajón con los restos de Eufemia; una semana después murió el viejo, y al mes la exsuegra, dejando a muchos convencidos del poder destructor de la infidelidad. Dos, para ser felices, mataron a tres, se comentó por años en este pueblo'.

Aunque Roberto sintió un escalofrío, le dijo al viejo del cuento que es bien pendejo el que se deja morir porque lo quemen, y que estaba molesto con la gente del pueblo por oponerse a que él pusiera el toldo al lado del cementerio.

‘A los muertos hay que respetarlos', le dijo el don animado por el guaro, y Roberto lo mandó para el carajo, envalentonado porque había un gentío de los pueblos cercanos bajando licor, tanto que decidió ir a su casa a guardar algo de efectivo. Llegó justo cuando vio salir del patio de su vivienda un carro desconocido, y le llamó la atención que todas las luces de su hogar estuvieran apagadas. Llamó desesperado a su mujer hasta que se convenció de que se le había ido con otro.

Y celebró la fiesta de bienvenida a Momo, ignorando a los moradores que le dijeron que el pueblo aún estaba de luto.
 

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