Curiosidades

No todo lo que brilla es oro

No todo lo que brilla es oro

domingo 9 de febrero de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Sol, era una joven alta, delgada y con cabello negro que le caía a la cadera, había venido a la capital a trabajar.

Sol, era una joven alta, delgada y con cabello negro que le caía a la cadera, había venido a la capital a trabajar para así ayudar a sus padres que estaban en el interior y por qué no si era posible de estudiar alguna carrera aunque fuese técnica y dejar de trabajar en casas de familia, que aunque aumentaron el salario mínimo, no es tan apetecible.

Comenzó a laborar en una casa de familia, donde habían cuatro personas en la familia, los dos padres y una parejita de niños, que ya cursaban la educación premedia en una escuela pública, porque la situación económica de ambos no era la mejor, el dinero escasamente le alcanzaban para las necesidades más apremiantes y para los honorarios de ella.

Los primeros días de trabajos y en su día libre, que eran los domingos, ella se iba para la 5 de Mayo y a sentarse en las bancas de la Cinta Costera, a ver pasar los autos y a observar y escuchar las olas en la bahía. En horas de la tarde, tomaba el automóvil y se trasladaba a la casa donde trabajaba.

En repetidas ocasiones hizo lo mismo, en una de ellas, conoció a un hombre de unos 35 años, que pasó por la Cinta Costera, y al divisarla comienza a hacerles las preguntas cajoneras: ¡cómo te llamas, dónde trabajas, etc?, ella le contesta entre dientes al recién conocido algunas de sus interrogantes; con buena labia el hombre le solicita el número del celular para seguir comunicándose, ya que el era soltero y si ella aceptaba podía invitarla a salir a dar un paseo.

Como Sol no tenía familiares ni mucho menos amistades en la ciudad, se quedó pensando en las pretensiones y las invitaciones que fue objeto por este hombre, que acababa de conocer, con cierta desconfianza porque había escuchado a sus padres que habían hombres muy interesados y que debía tener mucho cuidado para no caer en las garras de estos vivarachos.

Acordaron encontrarse en la Gran Estación en San Miguelito, para comer unas pastas, porque quedaba en un lugar céntrico, donde podían tomar el tren o metrobús. Se hizo de noche y el hombre le dijo que le invitaba a bailar música típica, en un sitio donde los asistentes suspiran con el sonido del acordeón y de la buena melodía.

Ella acepta y los dos caminando entran al lugar, estaba abarrotado de personas que esperaban que el artista iniciara las interpretaciones para ir a la pista a tirar sus pasos.

Por fin inicia el baile, el caballero la saca a bailar y se queda en el centro de la pista y a medida que avanzaba la pieza las parejas se iban agrupando. No era el mejor bailarín, pero no fracasaba en la clase; al terminar la pieza, Sol, sintió que alguien le halaba el cabello, miró alrededor y observó que una mujer pequeña le comenzaba a gritar improperios y hasta recordarle a su madre, por lo que ella le pregunta a su pareja que quien era ella, este perplejo le contesta, que era su señora,no le quedó más remedio a Sol, que irse del baile y con dolor de cabeza por la halada de cabello

Los primeros días de trabajos y en su día libre, que eran los domingos, ella se iba para la 5 de Mayo y a sentarse en las bancas de la Cinta Costera
 

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