Curiosidades

Al que le toca, le toca

Al que le toca, le toca

miércoles 25 de marzo de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Rufino, a sus 65 años, tuvo la suerte de encontrar el amor de su vida. 

Rufino, a sus 65 años, tuvo la suerte de encontrar el amor de su vida. Así mismo como lo leen. El jubiloso, viudo desde hace rato, ahora anda con una chichi de unos 25 que no lo suelta ni para ir al baño. La parejita levanta todo tipo de comentarios en el barrio y en los buses.

Con las restricciones por la pandemia, la chichi fue y le compró guantes y mascarillas al don y cuando salen él sale como si fuera un médico. Estos días, que salieron a cobrar la pensión, en el metrobús la gente no le quitaba la vista de encima.

Como no podían viajar uno al lado del otro la chichi ocupó dos asientos atrás del don y cuando él se volteaba para mirarla ella le enviaba un besito con los deditos delicados. Los pasajeros se reían incrédulos de lo que veían. Las doñitas murmuraban para ellas mismas la situación. Los tortolitos se bajaron y enrumbaron hacia el sitio de pago del jubiloso.

Durante la caminata las miradas de los envidiosos les resbalaban como espuma de jabón de perro.

Cobraron el cheque y se fueron a un comercio a cambiar y comprar la comprar la comida del mes, para no tener ella que salir sola a las tiendas. Estando en el súper, otro jubiloso se acercó a Rufino. Era un compañero de trabajo de sus años mozos. Hablaron de todo, a cierta distancia, para evitar el contagio del virus, y se despidieron. Cuando Rufino se perdió por el pasillo de los jabones y el clorox, el amigo se quedó inmóvil, como si fuese visto a un extraterrestre.

El asunto le causó tanta envidia que se paró en la puerta del súper a esperar al amigo para que le presentara la dama. Nieta no era porque Rufino del primer matrimonio no tuvo hijos.

Cuando salió la pareja de tórtolos, le amigo le soltó la pregunta del millón a rajatabla. Contra el paredón, no tuvo de otra que contarle la historia completa del romance. Le contó que puso un aviso solicitando a una chica que cuidara un anciano en su casa y la que le llamó por el empleo fue Susanita, que no solo le hace los oficios diarios, sino que se queda a dormir en la casa para estar más pendiente del patrón. Los tórtolos se marcharon en un taxi amarillo.

En este transporte, Rufino se sentó de copiloto y la novia en el asiento de atrás. El taxista goloso de cuando en cuando miraba por el retrovisor. Pero no miraba si venían los carros cerca, claro, le echaba una ojeada a las lindas piernas de la chichi. El don pidió que los dejaran un poco antes de casa para ir a la tienda de ceviches. Siempre que salían le gustaba complacer a la dama con el ceviche con helado que tanto le gustaba.

Él trató de probar semejante manjar, pero lo que se ganó fue unas cuantas idas al baño. A los pocos días, Rufino miraba el periódico que ha leído a lo largo de 35 años y se tropezaba con el nombre y el apellido del amigo que lo saludó en el súper. Para su sorpresa, el amigo solicitaba una cuidadora particular.

Cuando salió la pareja de tórtolos, le amigo le soltó la pregunta del millón a rajatabla. Contra el paredón, no tuvo de otra que contarle la historia completa del romanceInteramericana.
 

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