Curiosidades

Tembleques de pacotilla

Tembleques de pacotilla

viernes 12 de octubre de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Los llamados del vientre, a veces, no se pueden ocultar, y no supo ella si fue que su cuerpo exhalaba algún olor peculiar

Alcira olvidó la fórmula para el éxito, mucho trabajo, algo de placer y mantener la boca cerrada; en esa lucha de generar unos reales extras andaba cuando recordó que se acercaba galopante el Mes de la Patria, y confeccionó unos tembleques para rifarlos, empezó con la venta de los números en su trabajo, contraviniendo la ley del mandamás, que había prohibido con riesgo de despido inmediato a aquel que vendiera chicle, rifas, perfumes, productos de belleza, cualquier venta ponía en peligro su paila. ‘Ella pasa agachadita, anda muy necesitada porque como nada más se la pasaba cogiendo parió cinco en los pocos años que tuvo marido en la casa', dijo una compañera, y aunque a Alcira le dolió el comentario, se le humedecieron los ojos y el bajo vientre con los recuerdos que afloraron con tanta fuerza que quedó inquieta toda la tarde.

Los llamados del vientre, a veces, no se pueden ocultar, y no supo ella si fue que su cuerpo exhalaba algún olor peculiar o fue que Rolando no pudo sufrir verle las tetas abundantes, pero lo cierto fue que cuando ella llegó a su puesto a venderle los números de la rifa de los tembleques, él le dijo meloso que ella se veía muy buenona, bien suculenta y que con esos senos de faraona no debía andar vendiendo rifitas ni pendejadas. ‘Deja eso para las feas, tú mereces lucirte como una reina, yo te voy a comprar todos los números, pero no quiero que sigas exponiéndote a las críticas, por ahí escuché que esos tembleques son de pacotilla, que están runchos y que los hiciste con el material más barato y que usaste otros tonos que para nada son los originales de las fiestas patrias, dale, mami, guarda esa ridícula lista y nos vemos el sábado, yo te pago todos los números que tengas por vender', le aseguró Rolando con esa respiración agitada que Alcira conocía y que a ella la ponía ardorosa cuando se la notaba a su exmarido.

La calentura no le impidió someter a Rolando para que le dijera el nombre de la habladora que se había burlado de sus tembleques; el hombre se negó mientras ella se mantuvo distante, pero apenas Alcira le pegó su busto prominente y se lo restregó suavemente con retozos de gata, enseguida sucumbió y le soltó los dos nombres con el pedido de que no les reclamara nada, que no quería él quedar como chismoso, porque siempre había dicho que aquel que los tenga bien puestos no se mete en cuentos de mujeres, y que la burla la habían soltado en la cafetería.

‘O sea, que varios oyeron que mis tembleques son de pacotilla', preguntó Alcira, y como la respuesta de Rolando fue afirmativa, se fue directo donde las señaladas y les cayó con palabras fuertes y manoteos que las otras devolvieron mientras se negaban a haber dicho semejante desatino y la retaron a que les dijera el nombre de la persona que las había calumniado.

‘No fue una, fueron varias, había mucha gente en la cafetería cuando ustedes se burlaron de mis tembleques, así que no me pidan nombre', afirmó Alcira y soltó un trompón que cayó en la cara de una de las rivales, que se tambaleó y en la desesperación por no caer se aferró a lo que halló a mano, pero en el intento le arañó la cara a otra que no tenía nada que ver con el pleito y que era de armas tomar, por lo que se levantó y le dio un tatequieto contundente a Alcira, que esta vez sacó su arte para tirar puñetes a diestra y siniestra.

En el revolcón hubo varios daños al mobiliario y tres salieron con ojos hinchados y moretones, por lo que el mandamás, cuando supo la causa de la pelea, despidió a Alcira por desorden y por venta de rifas. Le tocó acudir puntual a la cita sabatina con Rodolfo, quien le compró todos los números de los tembleques, y le propuso encontrarse cada sábado para sacarse el estrés de la semana y él le daría un par de dólares que, ahora desempleada, no le caerían mal, y tirarse al gordo Rodolfo era algo rápido, porque este se elevaba como la espuma y así mismo se bajaba.

‘Ella pasa agachadita, anda muy necesitada porque como nada más se la pasaba cogiendo parió cinco en los pocos años que tuvo marido.
 

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