Curiosidades

El taxista transador

El taxista transador

martes 1 de octubre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Manejaba un taxi, como suelen hacerlo muchos ciudadanos decentes, pero él no entraba en este último grupo. 

Manejaba un taxi, como suelen hacerlo muchos ciudadanos decentes, pero él no entraba en este último grupo. En todos los oficios se cuecen habas, y en el de taxista también existen los ‘juegavivos', como Toribio, el personaje no ficticio de esta historia (aunque el nombre sí es ficticio).

Toribio no se sentía cómodo con lo que ganaba. Entonces se puso a pensar: ‘Tengo que buscar la forma de multiplicar mis ingresos'. Se sintió glorioso cuando creyó haber encontrado la solución más ingeniosa. ‘Pero qué hombre más listo soy', se dijo fatuamente. ¿Y qué cree usted? ¿Abrió un negocio? ¿Compró algo para revenderlo, como hacen los que compran ropa, zapatos, prendas y objetos de buhonería? ¿Se volvió guía turístico los fines de semana? ¿Puso en alquiler el taxi para que otro lo hiciera rodar mientras él dormía? Pues no.

La idea de la que Toribio se sentía orgulloso era esta: ‘voy a transar a la gente. Con tanta gente como Rudecindo que hay en la calle, yo puedo ser Trespatines' (aludiendo al hombre de excesiva buena fe que se deja engatusar por un pícaro curtido en las malas artes de la estafa, como muestra el célebre programa de TV).

Toribio empezó a recoger a la gente y a estudiar a sus víctimas. Si se veía una persona muy joven e inexperta o muy mayor pensaba: ‘este no me va a discutir por lo que le voy a cobrar'. Si tenía pinta de extranjero igualmente pensaba estafarlo: ‘los extranjeros no se saben las leyes, ni conocen las áreas o zonas de la ciudad'.

Lo que haría Toribio sería alterar las tarifas. En otros países, donde funciona el taxímetro, el conductor intenta transar a su víctima recorriendo una distancia más larga de la necesaria, para gastar más tiempo y marcar más kilómetros, dando rodeos inoportunos e innecesarios. Si el pasajero protesta se puede aludir a cambios en la circulación, cierre reciente de la vía, etc. Pero en este país, donde funciona el sistema de zonas, bastaba contar con que el pasajero no se supiese las tarifas o ignorase la zonificación. Si la cosa se complicaba, desistía del cobro haciéndose el indignado. ‘Ya caerá el siguiente', pensaba. Y si era turista mejor, ni conocía las zonas ni manejaba bien el dinero por lo general.

A veces Toribio trataba de engañar a los más cautos con un recurso de voz : ¿cuánto es la carrera a tal lugar', le preguntaban antes de ascender al vehículo. Toribio podía responder ‘Dos', pero luego de que le daban los dos dólares al llegar a su destino, él los tomaba con una mano y extendía la otra como quien pide. El pasajero le preguntaba extrañado, ‘¿qué está esperando?' ‘El resto'. ‘¿Cuál resto? Yo le di dos'. ‘¡Doce! Yo le dije DOCE! Usted oyó mal.' ‘¡Qué! ¡Está usted loco! ¿Cómo me va a llevar a la zona contigua en menos de diez minutos por doce dólares?' ‘Este es un servicio de taxi Tal… (menciona una empresa). Yo no pongo las tarifas'. Se podía formar una discusión, pero la presión la tenía el pasajero honrado porque ya le habían prestado el servicio y él quería pagar, pero lo justo. Pero Toribio con su cara de piedra seguía con la mano extendida. Y él pasajero pagaba y se bajaba refunfuñando.

Toribio se marchaba silbando. ‘Je, je'. Veremos quién cae ahora. Y cuando el siguiente pasajero le pagaba tres, él decía ‘¡Trece! Yo dije TRECE. Usted oyó mal'. Otra víctima.

Siempre aparece algún pasajero que no está dispuesto a dejar pasar el abuso. Varios pusieron la denuncia contra el supergordo moreno y transador en ropa deportiva del taxi amarillo (generalmente no damos descripción física para que no se piense que es un estereotipo de la mente prejuiciada del escritor), pero siendo un caso próximo y conocido y real de estafa, entiéndase que era necesario describirlo como es. Hoy Toribio es buscado por la policía y sus días de rata, digo, de ‘juegavivo' están contados.

Toribio empezó a recoger a la gente y a estudiar a sus víctimas. Si se veía una persona muy joven e inexperta o muy mayor pensaba ‘este no me va a discutir por lo que le voy a cobrar'.
 

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