Curiosidades

Taxista mujeriego

Taxista mujeriego

domingo 8 de marzo de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Se consideraba el siete macho del barrio, se jactaba de decir a los cuatro vientos, que la guialcita que le ponía el ojo se la levantaba y vivía c...

Se consideraba el siete macho del barrio, se jactaba de decir a los cuatro vientos, que la guialcita que le ponía el ojo se la levantaba y vivía con ella el tiempo que le daba la gana. Valentín, era su nombre, delgadito, tez negra, con un diente de oro y utilizaba tremendas combinaciones de marcas, que lo hacían parecer un chiquillón.

Algunos conocidos se preguntaban ¿qué tendrá? porque tiene suerte con las mujeres, siempre se le ve una nueva chica y con edades que no sobrepasan los 30 añitos. Podría tener unos 60 años Valentín, pero el trabajo de andar todo el día refrigerado en un estartalado carrito que usaba de taxi, lo mantenía bien conservado. Se había casado en más ocasiones que cualquier artista famoso de Hollywood; sus vecinos cuentan, que con la cantidad de hijos que había procreado, podría armar un equipo de fútbol.

Su área de trabajo era la ciudad capital, a donde le salían las carreras, pero, en horas de la tarde, se iba para el Hospital Santo Tomás, para cuando salieran las visitas del nosocomio, tomar alguna carrerita y poder ver a cualquiera jovencita que pudiera convertirse en su presa.

Un viernes de quincena, a eso de las 7 de la noche, estaba estacionado cerca a los kioskos del Hospital del Niño, cuando de repente se aproxima una joven, como traída de otro mundo, cabello largo a la cadera, un pantalón jeans ajustado al cuerpo, tacones altos y un suetercito verde. Al ver esto, Valentín, mejor que estaba estacionado, porque de lo contrario, se hubiese chocado con otro auto o con los jeysey. De forma respetuosa, la joven, le pregunta si la podía llevar hasta La Rana de Oro, en Pedregal.

Conociendo muy bien la dirección, Valentín pensó por un momento la distancia y lo tranques que hay para ese sector; pero, su olfato de mujeriego le decía, que no podía perder esa oportunidad, porque era posible que no la viera más y perdería contacto con esta belleza. Desde que se subió y tomó por la avenida Balboa, comienza la labia de Valentín a entrar en función, cuando habían llegado al Balboa, ya conocía las generales de la mujer, edad, años, si estaba soltera, etc. LLevaba una hora y media de recorrido y apenas iba por San Pedro, pero, iba muy tranquilo, había pasado a un auto rápido y le había comprado un batido.

La joven le contestaba todas las preguntas que le hacía Valentín, cuando llegan a la entrada de Rana de Oro, la joven le dice que tomara por la calle y que le avisaba cual era el punto que iba; al llegar a una callecita, Valentín, observa un negro corpulento que los está esperando; cuando se baja se acerca y lo agarra por el cuello, le quita lo poco que había hecho y le dice dice que se pierda, porque si no lo va a matar; así, que no pudo cobrar la carrera y perdió de levantarse a otra chica.

Valentín pensó por un momento la distancia y lo tranques que hay para ese sector; pero, su olfato de mujeriego le decía, que no podía perder esa oportunidad, porque era posible que no la viera más y perdería contacto con esta belleza.
 

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