Curiosidades

Supersticiosa

Supersticiosa

lunes 21 de octubre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Romelia era supersticiosa. Como la que más. ‘Vecina, no pase por ahí', le dijo a la de al lado. ‘Sí, ya sé que están pintando'. ‘No es eso. Es que...

Romelia era supersticiosa. Como la que más. ‘Vecina, no pase por ahí', le dijo a la de al lado. ‘Sí, ya sé que están pintando'. ‘No es eso. Es que da mala suerte pasar bajo la escalera'. ‘Ah sí, ya veo'. Estábamos comiendo un grupo de amigos y a Luis se le derramó la sal. Enseguida Romelia tomó una pizca y la arrojó sobre su hombro izquierdo. ‘Mujer, ¿y eso por qué?' ‘Para cegar al diablo', contestó. ‘Dime una cosa', le pregunté. ‘'Por qué si te preocupas tanto por eludir la mala suerte, las asechanzas del diablo y los infortunios, te va tan mal? Porque yo no te veo una mujer exitosa. ‘La verdad debería irme mejor. Pero todas las noches, todas las malditas noches, sin que falte una, un desgraciado gato negro se me cruza delante cuando voy llegando a casa. Si lo atrapo, haré fricasé de gato'. ‘¿Me vas a decir que a eso debes tu mala suerte?' ‘Sí'. Como vemos, para todo tenía una explicación basada en una superstición.

Romelia no se daba cuenta de que su propia actitud negativa, siempre sometiéndose a fuerzas míticas sobreestablecidas (eso es lo que es ‘superstición': lo que está sobre) era lo que la aprisionaba sin levantar cabeza. Ah, pero es que si le iba un poquito mejor, digamos, acertó en el sorteo, era también porque había cumplido con algún rito supersticioso positivo. Y no era religiosa. Lo suyo era superstición, que es distinto.

Un día pasé por su casa, recuerdo que estaba lloviendo y luego de trasponer el umbral, volví a abrir el paraguas porque no lo había cerrado bien. ¡Nooo!, me gritó. ¿Cómo se te ocurre abrir la sombrilla dentro de la casa? ¿No ves que da mala suerte?' ‘Bueno, Romelia, ya que llueve tan fuerte, yo hice un alto al pasar por aquí, y me dije, voy a preguntarle a Romelia cómo le fue en su entrevista de trabajo'. ‘Oh, no fui nada'. ‘¿Por qué?' ‘Al empezar el día me levanté accidentalmente con el pie izquierdo'. ‘Bueno, Romelia, parece que todo es malo para ti. Así no puedes progresar'. ‘No. Hay cosas que atraen la buena fortuna y cuando vaya a la entrevista de trabajo estaré precavida al respecto'. ‘Premunida'. ‘Bueno, eso'. Romelia partió el jueves siguiente para su entrevista. Antes de partir me confió: ‘Tengo todo calculado'. ‘Claro', hice mi suposición, ‘tu currículum, tus últimas producciones, tus cartas de recomendación, la copia de tu cédula…'. ‘No, no. Quiero decir que llevo una pata de conejo en el bolso y también un ojo de venao en mi carterita. Puse cactus en las ventanas y una herradura detrás de la puerta de entrada. Todo ello es de buena suerte, para que sepas. Llevo un amuleto en el cuello y alguien me regaló un trébol de cuatro hojas en una cajita. Nada puede fallar'. ‘Bueno, ya que estás tan entusiasmada, adelante'. ‘Cruza los dedos', agregó.

Cuando me acerqué a su puerta, en la noche, para preguntarle cómo le había ido, encontré a varios vecinos reunidos allí. Uno de ellos me dijo con lágrimas en los ojos. ‘Tenía una entrevista de trabajo hoy. Al regresar venía tan distraída que no vio el camión. La muerte fue inmediata'. Me causó gran pesar. Pero no pude dejar de pensar que quizá sería el muerto con más carga de ‘buena suerte' encima. Me encargué de su sepelio. Me pasaron un papelito en el velorio. ‘Asegúrate de que su tumba no termine en 13. Ese era su deseo para cuando muriera. Ella decía que en el más allá tal vez le diera mala suerte'.

Uno de ellos me dijo con lágrimas en los ojos. ‘Tenía una entrevista de trabajo hoy. Al regresar venía tan distraída que no vio el camión
 

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