Curiosidades

Los sorprendió el jefe en plena acción

Los sorprendió el jefe en plena acción

sábado 7 de noviembre de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Aquella mañana, después de salir de la oficina del gerente Diógenes fue asignado por el departamento de recursos humanos

Diógenes y Mirta se conocieron un lunes cuando Mirta hizo presencia en el piso 12 de un moderno edificio de un banco local en plena área bancaria.

Aquella mañana, después de salir de la oficina del gerente Diógenes fue asignado por el departamento de recursos humanos para hacer un recorrido con ella en el tercer y doceavo piso para que sus compañeros la conocieran.

Las presentaciones demoraron dos horas, desde las diez hasta la hora de almuerzo y, Diógenes quería seguir todo el día con ella porque entre los pasillos él aprovechaba para mirarla bien de cerca y a veces tomar su mano con ademán galante cuando había al frente una escalera. Mirta era oriunda de Purio, un remoto lugar de la provincia santeña. Sus ojos verdes hacían un singular y sensual juego natural con su piel blanca y con su cabellera rubia.

Su belleza era tan evidente que desde don Thomas, (el gerente) hasta el barrendero no podían evitar llevar obligatoriamente la necia mirada hacia ella. Algunos compañeros comentaron entre sí que era la primera vez que el señor Thomas había demorado tanto tiempo en su oficina con un empleado nuevo. Pero Mirta sólo quería justificar los mil quinientos dólares que iba a ganar en la entidad haciendo sus funciones de oficial de crédito para medianas empresas.

Ya en su puesto la nueva ejecutiva a veces se sentía insegura de preguntar a su supervisora algunos temas propios de su trabajo y, como Diógenes le había caído bien porque él era de Las Tablas y había confianza, prefería chatearle para preguntarle a él, quien sentía que su corazón se salía del pecho con solo ver el nombre de ella en su WhatsApp.

Los meses fueron pasando y aunque Thomas a veces le decía a Mirta que se quedara para que le hiciera unos trabajos extras que se los pagaría como manda la ley, cuyo pretexto era tratar de seducirla en esas horas que ya en el piso 12 no quedaba nadie; ella no cayó porque estaba saliendo con Diógenes pero ella no era una mujer fácil.

Un viernes previo a la Semana Santa, el gerente le dijo a Mirta que se quedara a trabajar hasta las ocho, pero lo que Thomas había olvidado era que su hijo llegaba ese día a la tierna edad de los cinco añitos y su esposa Clara le había preparado una celebración ese mismo día con algunos amiguitos. Thomas tuvo que partir a su casa a las 5:30 porque Clara lo fue a buscar a la misma oficina, sospechaba que algo inusual sucedía los viernes y aunque Mirta se mantenía tan incólume que ni Diógenes conocía a cabalidad su cuerpo tan deseado.

Thomas le dijo a Mirta:- termina y te vas a casa-

Pero lo que ignoraba era que Diógenes también estaba en el 9no piso metiendo horas extras gratis para esperarla. Una vez que ella quedó sola chateó a su amado y Diógenes acudió a su llamado para ayudarla y salir antes de la hora.

Diógenes vestía un jeans ajustado y un suéter blanco con el logo del banco y Mirta una blusa escotada color amarillo pollito y un pantalón liso color negro que dejaba explorar su curbilíneo cuerpo. Ambos comenzaron a besarse y una cosa llevó a la otra y en pocos minutos ambos quedaron inconscientemente como Dios los trajo al mundo. Ella no quería hacerlo ahí pero pudo más la brutal energía sexual reprimida por tanto tiempo y los dos sucumbieron al placer cómodamente instalados en un sofá de cuero negro ubicado a unos metros de la oficina de Thomas para clientes especiales.

Mirta y Diógenes estaban tan felices que ambos ignoraron que justo al frente de ellos en el techo había una cámara de video que funcionaba las 24 horas cuyo servidor estaba conectado al teléfono móvil de Thomas, quien a pesar de atender la fiesta de su hijo junior miraba incesantemente el celular para pensar en Mirta. De pronto la imagen apareció en el teléfono y se apartó evitando miradas indiscretas para ver al detalle la película porno que se presentaba ante sus ojos de forma gratuita.

-Ahora vengo-, dijo Thomas en tono desencajado a Clara. -Pasó algo en el banco- increpó a su mujer.

Thomas llegó al edificio en menos de diez minutos, subió en elevador a su oficina y encontró a Mirta y a Diógenes que parecían un mafá doble sobre la alfombra, en una esquina de su oficina.

Los amantes fueron abruptamente interrumpidos por su jefe, quien reclamó a Mirta: -así me pagas todo lo que hago por tí-

Fueron despedidos, pero ambos fueron llamados por otro institución a las pocas semanas.

De pronto la imagen apareció en el teléfono y se apartó evitando miradas indiscretas para ver al detalle la película porno que se presentaba ante sus ojos de forma gratuita.
 

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