Curiosidades

Ni siquiera por videollamada

Ni siquiera por videollamada

sábado 16 de mayo de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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El paciero Joel se enamoró perdidamente de la hermosa Rosa, la joven secretaria que vio una sola vez, poquito antes de que estallada para bomba de...

El paciero Joel se enamoró perdidamente de la hermosa Rosa, la joven secretaria que vio una sola vez, poquito antes de que estallada para bomba del coronavirus y cada quien tuviera que coger su espina, a la brava, claro está.

Por ese maldito virus, muchas empresas se vieron obligadas a reducir la planilla de manera abrupta: unas mandaron de vacaciones a los pelaos de más de sesenta años y a otros más jóvenes, como la hermosa reina del Tabasará, les suspendieron los contratos por un mes, y como pinta la cosa, ese tiempo irá por lo largo.

El pana Joel no tuvo tiempo siquiera de regresar a la empresa donde había visto la hermosa secretaria aquella mañana caminando por el empedrado del estacionamiento. Tampoco le dio tiempo para que llamara y le preguntara directamente el celular. Quedó de este lado del charco sin cayuco para cruzar al otro lado. Una de aquellas amaneció con buen ánimo y se sumergió de cabeza en las redes, a ver si encontraba a la reina parqueando en aquella jungla cibernética. Las pocas personas que tenían cuentas con ese nombre eran de otros países. Siguió, cambiando algunas letras de aquel nombre mágico, ñagare, como dicen en la comarca.

Cuando se cumplió el mes de la suspensión del contrato, cuenta que el paciero Joel llevaba bien clarita, se apresuró a llamar a la empresa para escuchar aquella voz de seda. Otra vez ñagare. Quien le respondió no había pasado una buena noche y le soltó sin anestesia que esos contratos se suspendieron por otro mes más.

La vida sigue, así se mentalizó e ‘fren', y fue llenado los días con muchas actividades para no dejarle chance a que la imagen de la reina se apoderara de su vida. En más, se propuso, darle curso a la vena poética que tenía escondida en el sótano del cerebro. En las hojas sueltas que le quedaron de la última materia de la maestría, se pone todas las nochecitas a escribir unos poemas, para él los más lindos del mundo, para la hermosa secretaria que el maldito virus le arrancó de su vida. Uno de estos días, cuando fue al super por la comida de la semana, vio a una dama con una cabellera igual, larga y negra, y apresuró el paso para caminarle al lado y mirarla a la cara. Ñagare otra vez. La mujer, al verlo tan intenso, apresuró el paso y se perdió por el pasillo de las verduras. Estás viendo fantasmas campeón, se dijo, apretando el paso y metiéndose en el área de los embutidos. Cuando volvió a casa, luego de los rituales de limpieza por el virus maldito, buscó un lápiz y la libreta y se puso a dibujar a su reina moviéndose como una sirena en las cristalinas aguas del caudaloso Tabasará. En otra postal la retrató sentaba en un taburete en la puerta de una choza y en otra bailando la danza tradicional que hacen con los pies desnudos. Cuando terminó, le colocó la leyenda: Cuando pase la tormenta, viene la calma y vendrá el amor. Y aquí te estaré esperando....

Cuando volvió a casa, luego de los rituales de limpieza por el virus maldito, buscó un lápiz y la libreta y se puso a dibujar a su reina moviéndose como una sirena en las cristalinas aguas del caudaloso Tabasará.
 

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