Curiosidades

Sediento

Sediento

viernes 19 de julio de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Arnoldo caminó con esa agilidad propia de quienes ‘van de urgencia'; en el primer comercio tuvo un revolcón

Arnoldo era un hombre trabajador, honrado y cariñoso, pero tenía un defecto imperdonable, que era meterle duro al vidrio, especialmente cuando el calendario marcaba días en los que había que guardar respeto y compostura. ‘Es en esos días que me aprieta la sed y solo la calma una cervecita bien fría', pregonaba para justificarse y con ese fin salía de su hogar no sin antes advertir: ‘Solo me tomo una y enseguida vuelvo para la casita'. Puro cuento, sabes muy bien que apenas empiezas no paras hasta que quedes peor que el más infeliz regado en la calle, le contestó la mujer y Arnoldo la oyó, pero no se defendió. ‘Voy y vuelvo', dijo casi en un murmullo mientras su mujer se quedaba rezongando y analizando si seguía con él o lo mandaba a cambiar por borrachín y por no respetar los días de duelo.

Arnoldo caminó con esa agilidad propia de quienes ‘van de urgencia'; en el primer comercio tuvo un revolcón porque nadie lo atendía pese a que él pedía amablemente ‘cinco gaseositas para llevar'. Cuando la chinita se cansó de oírlo le gritó ‘hoy no vendemos vicio, hoy prohibido, hoy solo debes comprar flores'. Pero como la sed dominaba a Arnoldo le salió a la chinita con tres piedras y le preguntó dónde estaba el letrero de siempre que decía ‘licor solo para llevar'.

Lo quité porque hoy no se vende vicio ni para aquí ni para llevar, y vete o llamo a la Policía para que te metan preso, le dijo brava la comerciante, pero Arnoldo no estaba para que lo regañara una china y sacó lo más selecto de su vocabulario provocando que aquella llamara a unos tongos que recorrían las calles en busca de los lisos que insistían en bajarse unas frías en este día de mucha consideración y silencio. Tuvo Arnoldo la suerte de que uno de los policías era un vecino al que él a menudo invitaba a pintear, y al hombre le faltó corazón para llevárselo detenido, solo lo hizo subir al patrulla y más adelante lo bajó con la advertencia de que no se metiera en ningún otro lío porque en el grupo de seis había dos policías honestos y era mejor prevenir.

Siguió su recorrido, pero en todos los comercios imperaba el acatamiento a las leyes, por lo que no aparecían en los estantes de siempre ni las mágicas botellitas ni las hermosas latitas que Arnoldo tanto añoraba comprar. Fue en un minisúper que halló lo que buscaba camuflado debajo de muchas libras de menestras, recogió, como un sediento, las únicas seis botellas que quedaban y corrió a la caja, donde tuvo que rifárselas con una mujer que amenazaba a la cajera con denunciar al comercio por vender esas porquerías en una fecha de recogimiento y silencio. ‘Eso no es problema suyo', le dijo Arnoldo tratando de controlarse, pero la sed lo agobiaba y le enturbiaba el entendimiento, y a la fuerza le arrebató a la otra cliente las cervezas que ella se negaba a que le cobraran mientras gritaba ‘pasarán sobre mi cadáver antes que cobrarle ese vicio a este infeliz que no respeta a los que duermen en paz'.

El forcejeo empezó y en segundos adquirió niveles de violencia, entre los clientes se formaron dos bandos, el que apoyaba a Arnoldo y el que exigía que no le vendieran las frías. La dama aprovechó una fugaz distracción de Arnoldo y lanzó al piso la mercancía que pareció soplada por fuerzas malignas porque todas se rompieron y pedacitos de vidrio volaron hiriendo a varios mirones. Arnoldo no soportó el ver su ‘agua' derramada y rompió en un llanto conmovedor y largo que fue filmado por el curioso que nunca falta. ‘Machito lloró a gritos porque no le vendieron licor', ‘Doñita pone a Arnoldo a llorar por unas pintas' y ‘Hombre soltó buco'e lágrimas por pintas rotas', comentaron en la prensa hablada y escrita, y en todas aparecía Arnoldo vuelto una Magdalena. Su mujer no soportó la vergüenza lo dejó…

Fue en un minisúper que halló lo que buscaba camuflado debajo de muchas libras de menestras, recogió, como un sediento, las únicas seis botellas que quedaban y corrió a la caja, donde tuvo que rifárselas
 

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