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Un revolcón muy importante

Un revolcón muy importante

jueves 21 de noviembre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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El profesor Ramón explicaba a sus alumnos: ‘Ustedes que tanto gustan de revolcones, sepan que no hay revolcones como las guerras civiles.

El profesor Ramón explicaba a sus alumnos: ‘Ustedes que tanto gustan de revolcones, sepan que no hay revolcones como las guerras civiles. Hoy hablaremos de la primera de ellas en Nueva Granada y su relación con el Istmo de Panamá. La Independencia de la Nueva Granada (hoy Colombia) de España trajo consigo la necesidad de organizar sus departamentos (provincias). Para muchos era el chance de lograr sus ambiciones políticas personales involucrándose en los quehaceres públicos. También era una oportunidad para que muchos departamentos se organizaran de modo distinto al pretendido por Bogotá. Esta guerra comienza en el año 1839 cuando el presidente Márquez ordena cerrar cuatro conventos en Pasto, por estar ocupados por menos de ocho religiosos cada uno. Su finalidad era venderlos y donar su recaudación a instituciones educativas.

‘El padre Francisco de la Villota y Barrera se opuso al cierre de los conventos e incitó al pueblo a la rebelión. Este conflicto, pues, por motivos estrictamente religiosos, dio paso a que se sumasen a él los líderes políticos civiles. El presidente Márquez era más bien moderado y conservador. Solo hacía cumplir una ley de años antes. Pero a la cabeza de la rebelión de Pasto se puso el General José María Obando, quien se declaró Supremo Director de la Guerra. Aprovechando esta rebelión, los caudillos liberales de otras provincias, llamándose ‘supremos', también se levantaron en armas, de modo que pronto se generalizó la guerra civil llamada la ‘Rebelión de los Supremos', que duraría tres años. Todos querían la independencia de sus territorios o al menos se oponían al centralismo bogotano.

‘En Panamá, viendo cómo se desmembraba la Nueva Granada y se sumía en el caos, para salvar los intereses del Istmo, el coronel Tomás Herrera declaró la secesión del departamento en noviembre de 1840. Levantados casi todos los departamentos neogranadinos, a fines del año 1840 solo seguían como parte de la república cuatro provincias: Bogotá, Buenaventura, Chocó y Neiva. Era un revolcón total. Y dentro de estos, la secesión de 1840 es la más importante de las separaciones de Panamá en el período colombiano del Istmo. Panamá hizo un Acta de Independencia, el 18 de noviembre de 1840, estableció un gobierno local e hizo una Constitución en marzo del año 1841, que llamó al nuevo país Estado del Istmo, formado por los cantones de las provincias de Panamá y Veraguas.

‘Cabe anotar que la separación de Panamá no tenía carácter de irrevocable, pues dejaba abierta la puerta a la reincorporación siempre que se le garantizase el establecimiento de un sistema federal en toda Colombia o al menos en el Istmo. Tomás Herrera fue el presidente del nuevo Estado independiente y soberano. Por su parte, el presidente de Nueva Granada Pedro Alcántara Herrán, que lo era desde 1841, y el general Tomás Cipriano de Mosquera, lograron pacificar el país sureño y la reinserción de las provincias rebeldes en 1842. Al Istmo se le ofreció también, mediante promesas, la reincorporación, que los panameños terminaron aceptando y firmando un poco antes, el 31 de diciembre de 1841.

‘Cuando Panamá se separó, su nuevo gobierno dictó disposiciones administrativas: creó secretarías (ministerios) propias, el Tribunal Supremo del Estado y reorganizó la hacienda pública. Se estableció una universidad en 1841, y se dispuso ayuda para los hospitales y las iglesias. Se fomentó la actividad comercial por medio de decretos. Y se publicaron dos nuevos periódicos. Todo auguraba bienestar. Pero ante los ofrecimientos de Nueva Granada de promover mejoras en los municipios, mantener a los empleados y funcionarios en los cargos que ocupaban a noviembre de 1840, y dejar a Tomás Herrera al frente de la Gobernación de Panamá, a cambio de un ‘decreto de olvido' (señal de que ya Colombia nos consideraba suyos) y viendo la guerra de los otros departamentos perdida, las autoridades de Panamá se avinieron a firmar la reincorporación. El acuerdo no contempló las aspiraciones federalistas de los panameños, ni se cumplieron al final tampoco las promesas acordadas'.

Esta guerra comienza en el año 1839 cuando el presidente Márquez ordena cerrar cuatro conventos en Pasto, por estar ocupados por menos de ocho religiosos cada uno. Su finalidad era venderlos y donar su recaudación a instituciones educativas.
 

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