Curiosidades

Promesa vana

Promesa vana

domingo 11 de febrero de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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La mujer se quedó callada unos segundos y Alberto vio que todo daba vueltas y que se ocultaba el sol

Alberto llevaba años esperando que Carolina, la mujer de su primo Jonás, le diera el sí. ‘Apenas pase el Carnaval nos vamos para el pueblo, allá no nos encontrará mi marido, recuerda que a él no le gusta el monte', le dijo ella en una ocasión en que ‘se la bajó' en el mismo carro de Jonás, quien, confiado, los mandó solos a comprarle un medicamento para los hongos en los pies. Pero ya ni se hablaba de Momo y Alberto los veía salir juntos al súper, a comprarse ropa y a todas partes, a pesar de que él le había dicho mil veces a Carolina que se le desgarraba el alma en millones de jirones cada vez que los veía en ese compartir de marido y mujer.

Ella lo calmaba con arrumacos y le decía que no se preocupara, que era pura apariencia, ‘cuando salimos ni nos hablamos, yo amarro mi cara desde que subimos al carro y él solo me pregunta lo necesario, el sólido eres tú'. La respuesta lo tranquilizaba momentáneamente, pero con el paso de los días se desesperaba. ‘Ya me voy cabreando', le dijo la última vez que la esperó cinco horas en una parada y ella no llegó ni lo llamó. Cuando se comunicaron, una semana después, Carolina le dijo que podían ir por ahí para que viera un tatuaje que se había hecho en el centro de los glúteos, pero Alberto la paró molesto y le dijo que su problema no era ganas de vulva. ‘Eso es lo de menos, eso lo consigo con mi plata, lo que quiero es que te vengas a vivir conmigo, así que hoy mismo decides si soy yo o es mi primo', decía el hombre exaltado e indiferente a que Carolina se lo sobaba con la mano derecha y con la otra le acariciaba los únicos diez vellos que tenía en el pecho. ‘¿¿¿¿Cuándo????', gritó Alberto y le apartó las manos.

‘Dame una fecha, si hay que viajar a otro país, viajamos, pero juntos, ya me cansé de ser el otro, de estar como los perros: esperando las sobras', exigió Alberto. ‘Pronto, muy pronto, fíjate que ya llevamos varios meses en camas separadas, supe que él anda con el sobrino de la dueña de la fonda', dijo Carolina y se fue.

No volvió a llamarlo en dos semanas, por lo que Alberto se le apareció en la casa con el pretexto de saludar a Jonás, quien lo recibió con un: ‘Primo, yo tengo que hablar algo serio con usted, tómese esta pinta y después hablamos, es algo fuerte', decía el pariente. Luego llamó a su mujer a gritos: ‘Carolina, lahija, venga acá. ¿Qué es lo que usted tiene que decirle a mi primo, a ver?'.

La mujer se quedó callada unos segundos y Alberto vio que todo daba vueltas y que se ocultaba el sol. Cuando volvió en sí, acostado en la cama matrimonial, oyó a Jonás decirle: ‘Ay, primo, qué susto, yo creí que se me iba, sepa que no puede morirse, porque usted será el padrino de mi primer hijo'. Y con mucho cariño le dijo al oído: ‘Primo, mi mujer ta preñá'.

‘Eso es lo de menos, eso lo consigo con mi plata, lo que quiero es que te vengas a vivir conmigo, así que hoy mismo decides si soy yo o es mi primo',
 

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