Curiosidades

Ponchera en el carro

Ponchera en el carro

sábado 12 de septiembre de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Andrea no era bonita de cara pero la naturaleza le regaló un escultural cuerpo piel canela y unos bellos ojos chocolates que hacían juego perfecto...

Andrea no era bonita de cara pero la naturaleza le regaló un escultural cuerpo piel canela y unos bellos ojos chocolates que hacían juego perfecto con su cabellera del mismo tono natural.

Ella tenía 26 años y como muchos había quedado sin trabajo por la pandemia que azota al mundo. Por eso regresó con sus dos hijos de 7 y 10 años, al poblado de Villa Carmen en el distrito de Capira, donde vivían los papás.

El padre de las dos criaturas se fue para Colombia de donde era oriundo, dizque a traer unos zapatos y artículos de cuero pero jamás regresó. Le dijo a Andrea que se iba por Darién y que se sabía sobradamente una ruta para llegar hasta la frontera sin ser detectado por la policía panameña, por eso llamó a su cuñada Luisa en Cali, para saber si Antonio estaba bien, la cuñada le dijo que sí pero que no estaba en ese momento porque se encontraba en otra ciudad ayudando a unas familias que lo necesitaban. Andrea sintió un alivio porque estaba vivo al menos.

Los niños preguntaban cada vez más por su papá, hasta que un día ella les dijo que Antonio Escalante se fue para su país y que no iba a regresar. En ese momento todo cambió para Andrea, ya los niños no preguntaría más por su esposo extranjero. Cierto día viernes que solo salían las mujeres, Andrea fue a la tiendita del chino a comprar el desayuno, ella sin darse cuenta se fue solo con el ‘shorcito' que la acompañó toda la noche en su cama y una mini blusita sin nada más que la imaginación.

Al llegar a la tienda había varios clientes entre ellos un uniformado con apariencia de que le urgía algo, tomó una botella de agua y dos latas de salchichas y los colocó en el mostrador para pagarlos cuando pasó Andrea. -Hola, buenos días--dijo la madre soltera mirando de reojo. - Buenos días - contestaron todos casi al unísono. El policía de fronteras contestó arrastrando su mirada tras la figura esbelta de la bella Andrea, pagó y su apuro disminuyó sustancialmente hasta llegar al auto que lo esperaba al borde de calle.

Esperó que saliera la hermosa mujer para hablarle y así fue, Andrea compró y salió caminando hacia su casa, al pasar al lado del auto de Abilio, subteniente, bajó el vidrio y se ofreció a llevarla hasta su casa.

Ese día todo quedó hablado entre Andrea y Abilio, ella le dio su número de teléfono y quedaron de que en el transcurso del día hablarían. El hombre le contó a Andrea horas más tarde que estaba a punto de divorciarse.

El domingo de cuarentena total, Abilio invitó a Andrea a un mirador en el cerro Campana, él iba uniformado para que nadie lo parara en ningún retén y ella pasaría por su esposa ante el cerco sanitario.

Los encuentros se hicieron cada vez más frecuentes, hasta que un día, Berta, la esposa de Abilio sospechó.

Ella había pertenecido a la policía de tránsito y sabía muy bien cuando algo no lo estaba. Berta le dijo a su prima que era asistente de un doctor en el Ministerio de Salud que le consiguiera un salvoconducto para el domingo y el siguiente, para el jueves ya tenía el documento en manos. Aquel domingo todo iba bien, pero Abilio también sospechó que ella sabía algo y decidió ese día enfermarse y se quedó en casa, pero no le avisó a su amante que los planes habían cambiado. -¿Por qué no vas a trabajar hoy? - preguntó la mujer disimulando su evidente celo, después de escuchar que hablaba con su jefe en el cuartel. -No me siento bien-, respondió Abilio. Al parecer el oficial le había prometido a su Andrea que aquel domingo harían nuevas cosas y que llevarían todo para pasar un lindo día sin interrupciones, tanto así que la joven dama se inquietó porque él tenía el teléfono apagado.

La mujer burlada había llamado al capitán, jefe de su esposo y le dio la ubicación exacta del auto de su marido. Abilio intentó escapar pero furiosa y terriblemente afectada Berta rompió los vidrios del carro al ver que no quería abrir las puertas y si quería huir para no dejar evidencia. Dos patrullas llegaron a la escena y se hicieron cargo.

Ambos estaban desnudos dentro del carro y los vidrios de la ventana del lado del conductor están a rotos, decía parte del informe policial.

El domingo de cuarentena total, Abilio invitó a Andrea a un mirador en el cerro Campana, él iba uniformado para que nadie lo parara en ningún retén y ella pasaría por su esposa ante el cerco sanitario.

Los encuentros s


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