Curiosidades

De tal palo, tal astilla

De tal palo, tal astilla

viernes 25 de octubre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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A Tomás le gustaban los deportes de competición y contacto físico, más bien de dominación. 

A Tomás le gustaban los deportes de competición y contacto físico, más bien de dominación. Seguía sus funciones en la tele y en el gimnasio. Lo malo es que después Tomás quería ejecutar contra sus compañeros de escuela las llaves y lances que aprendía en la tele. Más de cuatro salieron bien golpeados sin haberlo provocado. Todos en la infancia hemos tenido uno que otro compañero de clase como Tomás, fuerte como un toro y un tanto abusivo con los demás. Porque eso era Tomás: un abusador. Claro que Tomás tenía espejo dónde mirarse: su padre Tristán, hombre fuerte, violento y que se pasaba con su prójimo, y que tenía por costumbre pelear en el taller donde trabajaba, en la calle y en la cantina. Él había enseñado a Tomás: ‘tú eres mi hijo y puedes hacer lo que quieras, y no dejes que nadie te domine ni te diga lo que tienes que hacer'. Claro que, con semejante bandera, el hijo tenía que crecer como un hombre sin ley.

La escuela trataba de cortar los abusos del niño, los que cometía contra sus compañeritos, y muchas veces era castigado, siempre con castigos no físicos como lo recomienda la pedagogía actual. Así que, para provocar su enmienda, lo dejaban sin recreo en el salón, lo ponían a hacer planas, le mandaban trabajos especiales. Pero Tomás llegó incluso a desobedecer y faltarle el respeto al maestro. En su cabeza resonaba el eco: ‘no te dejes de nadie, tú eres mi hijo, haz lo que quieras, nadie puede darte órdenes más que tu padre'. Un día, el maestro, don Régulo, viendo que Tomasito no obedecía ya a la autoridad, no tuvo más remedio que suspenderlo. Entonces don Tristán fue como un tornado a la escuela ‘para defender a su hijo' y golpeó al maestro (por desgracia, hoy algunas madres hacen lo mismo cuando su hijo es castigado en el colegio). Y encima lo amenazó: ‘¿cómo se te ocurre suspender a mi hijo? Él puede hacer lo que le dé la gana. Es mi hijo. Y como vuelvas a hartarle la vida, vuelvo y me desgracio en ti'.

El maestro no le dijo nada por no empeorar la situación, pero como este hombre era bravucón y de armas tomar, don Régulo alertó a la directora, a la seguridad de la escuela, a otros padres de familia, y se dio aviso a las autoridades educativas superiores. Se estaba vigilando por si don Tristán reaparecía. Los padres de familia, en cambio, decidieron pasar a la ofensiva. Estaban cansados de tanto abuso contra sus hijos, y viendo que las medidas del colegio eran aún conservadoras, amenazaron con retirar a sus hijos de la escuela, si el incorregible Tomás no era expulsado. Expusieron que el chico ‘no era idóneo' compañero para sus hijos, y ‘hacía peligrar la integridad física de los demás niños. No podemos meternos todos en una jaula para que él viva a sus anchas y a su ley. No es un caso de diversidad', sostuvieron, ‘sino de delincuencia precoz, atizada por un padre abusador, con grave riesgo para nuestros hijos'. El colegio tuvo que ceder por el bien común y de la mayoría. Así que hoy don Tristán busca escuela para su pequeño patán expulsado, y tendrá que reflexionar que existen códigos de conducta para todos.

. Porque eso era Tomás: un abusador. Claro que Tomás tenía espejo dónde mirarse: su padre Tristán, hombre fuerte, violento y que se pasaba con su prójimo, y que tenía por costumbre pelear en el taller donde trabajaba, en la calle y en la cantina.
 

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