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Los nuevos chefs

Los nuevos chefs

miércoles 28 de agosto de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Ahora sí puedo decir que soy un hombre completamente feliz, ya no ando desesperado porque la platita me dure hasta la quincena

Saúl aseguraba que la esposa no debe salir a trabajar porque las compañeras la ‘corrompen' y le meten ideas raras, pero cuando la cosa se le puso difícil aceptó que Irene trabajara en un ministerio por tres balines mensuales, y todo fue felicidad porque ella se encargaba de los otros gastos y a él solo le tocaba la comida, lo que le resultó beneficioso porque le quedaba un sencillito para darle a la pobre amante que llevaba años canalizándole gratuitamente las hormonas.

‘Ahora sí puedo decir que soy un hombre completamente feliz, ya no ando desesperado porque la platita me dure hasta la quincena', repetía Saúl, y un compañero envidioso lo puso inquieto cuando le dijo ‘cuidado, compa, mujer que trabaja, mujer que quema, oyó'. ¿Usted cree?, le preguntó Saúl tras varios minutos tratando de digerir el comentario. ‘Estoy segurísimo, si no, póngales cuidado que todos los domingos quieren pasarse en el salón de belleza, que si estirándose el pelo, que si las uñas, que si las cejas, para quién cree usted que quieren estar regias, no crea que es para el de la casa, ese arreglo es para otro o para otra', aseguraba el amigongo. Y logró su objetivo porque Saúl cogió camino para su casa, donde halló las pailas volteadas, cero movimiento de comida. Preguntó por Irene y supo que andaba por el salón de belleza, emperifollándose para el lunes. La llamó furioso al celular ‘¿a qué hora vendrá usted, mi hijita, a poner los macarrones, ya estamos pasados de la hora de almuerzo?', le gritó, pero la esposa contestó calmada ¿es que usted no sabe que la moda es que el domingo la esposa no cocina?, sepa que es al marido a quien le toca ponerse el delantal, ninguna de mis compañeras de trabajo cocina los domingos, así que ubíquese, don Saúl, póngase el delantal y arrímese a la estufa, que ya yo tengo hambre', fue la respuesta de Irene.

No le dio chance de contestarle, cerró la llamada en el segundo de asombro de su marido, quien ignoraba por completo que ese día ella había puesto en marcha la costumbre de los hogares de sus compañeras, donde, según decían ellas, era el esposo el encargado de la cocina dominical. Casi enseguida le tocó a Irene el turno para embellecerse, por lo que apagó el celular con la intención de que nadie la perturbara mientras duraba el proceso estético; y en su hogar, Saúl escupía mil carajazos y coñazos porque no lograba comunicarse con su mujer para ubicarla, ‘que se venga para la casa en el término de la distancia, ¡a cocinar!, y si no, que se atenga a las consecuencias, porque este que está aquí no piensa cocinar pero ni una hebra de macarrones'. Y como no pudo decirle ninguna de sus impertinencias, llegó al salón de belleza y encaró a su mujer, quien le dijo tranquilita ‘vaya a cocinar, asuma su responsabilidad, le toca hoy porque le toca y punto, esa es la nueva moda: el domingo cocina el hombre'.

No supo nunca Saúl si fue mezcla de celos y de los comentarios de su compañero de trabajo, pero le provocó tanta rabia verla aguantando calor en la cabeza para ‘verse más bonita', y, además, mandándolo a él a cocinar, que se le oscureció el pensamiento y de su mente se enseñoreó la violencia: sacó a su mujer a halones de la silla mientras la acusaba de infidelidad, todo frente al estilista y a las damas, quienes reaccionaron cuando él levantó su mano para limpiarse una legaña y ellas creyeron que le iba a pegar a Irene, por lo que se le abalanzaron sin éxito con los secadores de cabello y otros artefactos. La reacción lo enfureció más y destruyó cuanto allí había, botó galones de champú y cortó los cables de los aparatos. Fue detenido y le tocó pagar todos los daños, se supo también que desde ese día le aplicaron la nueva moda, por lo que el domingo no sale, fajado desde el amanecer en la cocina.

Y como no pudo decirle ninguna de sus impertinencias, llegó al salón de belleza y encaró a su mujer, quien le dijo tranquilita ‘vaya a cocinar, asuma su responsabilidad, le toca hoy porque le toca y punto
 

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