Curiosidades

Necesidad tiene cara de perro

Necesidad tiene cara de perro

sábado 14 de marzo de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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En un pueblito del interior de la provincia chiricana, había una pareja que tenía 20 de estar casados, los hijos estaban en edad de adolescentes; ...

En un pueblito del interior de la provincia chiricana, había una pareja que tenía 20 de estar casados, los hijos estaban en edad de adolescentes; el jefe del hogar, no tuvo la oportunidad de estudiar, porque su familia no tenía los recursos económicos. Su esposa, se dedicaba a las labores cotidianas del hogar y su compañero era negociante, compraba productos de la época como: naranjas, pipas, plátanos, limones , maíz nuevo, etc, y los traía a vender en un camión a la ciudad.

El trabajo era arduo, debían cosechar los productos allá en los diferentes lugares y comunidades, cargar todo estos productos, para entonces llenar el camión y hacer ese largo viaje de aproximadamente 10 horas, por lo pesado de la carga. Su hijo mayor, cuando estaba de vacaciones del colegio, lo apoyaba bastante y hasta venía a vender a Merca Panamá. En la ciudad demoraban de tres a cuatro días para terminar la venta y luego con algo de ganancias y en ocasiones no ganaban nada, regresaban a su comunidad.

Era la forma que tenían para ganarse la vida, de lo contrario debería ir a tirar machete, limpiando potreros y haciendo cualquier labor de una finca y con el sol rostizante de la temporada seca. Por estos lugares, siempre suele haber una persona que se dice ser ganadero, porque tiene unas vaquitas que ordeña y vende el producto a una compañía lechera. Anda en buenos caballos y cuando va a pagar en las abarroterías saca el fajo de billetes para que lo vean que tiene y lo hace más cuando hay alguna mujer.

Este señor, de unos 69 años, conocía muy bien a la pareja y sabía muy bien el tiempo que demoraba el esposo en la capital. Así, que aprovechó que había viajado con el camión lleno de productos y visitó a la esposa; le llevó algunas cositas que compró en la tienda, para ir entrando en confianza y estaba seguro que no las rechazaría, porque la situación que pasaban en el hogar no era buena.

Hasta le abrió un crédito en la tienda a escondidas, para cuando le faltase algo; la mujer que un día le juró amor y fidelidad a su marido comenzaba a flaquear ante las ofertas y ayudas del ganadero. Apenas el marido viajaba a la capital, recibía la visita del otro hombre que permanecía todo el día con ella. Los comentarios entre los vecinos era que: le están poniendo los cachos al marido. El esposo si notaba que cuando regresaba habían cosas que él no había comprado; llegó el día que debía venir con la carga a Panamá, así, lo hizo, pero, se bajó en Bugaba y regresó a la casa. Al llegar ve un caballo amarrado que reconoció y a su dueño en el cuarto.

La sorpresa lo dejó en shock, la mujer le dice que se había cansado de esa vida que él le daba y que iba a rehacer su vida. El esposo, sollozando le dice a la mujer que aceptaba que lo quemara, pero que no lo dejara.

Este señor, de unos 69 años, conocía muy bien a la pareja y sabía muy bien el tiempo que demoraba el esposo en la capital.
 

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