Curiosidades

Le metieron gato por liebre

Le metieron gato por liebre

sábado 1 de agosto de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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¿Puede una chichi de 30 abriles perder la cabeza por un don de sesenta y ocho? Claro que puede, no sean envidiosos como los otros pensionados

A Julián el coronavirus le pegó duro. El jubiloso, hasta febrero no cabía en el pellejo con la calentura que se mandaba. Cuando iba al súper de Río Abajo a cobrar la jubilación le mostraba las fotos del celular a los otros jubilados y todos quedaban boquiabiertos. El noviazgo iba viento en popa y el casorio sería en abril. La cubanita afincada en el norte se vendía a Panamá y juntos explorarían varias ideas de negocios.

¿Puede una chichi de 30 abriles perder la cabeza por un don de sesenta y ocho? Claro que puede, no sean envidiosos como los otros pensionados. Puede que la dama vea otras cualidades que las doñas ignoran del don, que es de los que tira la red para ver qué saca. A la cubana la conoció en el internet, en uno de esos foros donde se entra a conversar con gente de distintos países. Dicen que coincidieron en el gusto por la cocina.

El plan más potable de los tórtolos era poner una fonda por los lados de Calidonia. En Río Abajo no llevaban chance, o mejor dicho, la comida criolla no tiene gran demanda en ese barrio.

Julián dejaba a los colegas jubilosos babeantes con aquellas fotos en bikinis que le mandaba la cubanita. Y les decía que todas las noches se conectaban en videollamadas hasta la medianoche, cuando la joven le mostraba cómo iba a dormir. Esto último despertaba la envidia a tal grado que los colegas gastaron lo poco que tenían en celulares con cámaras y en tarjetas para la data y el resultado fue poco. Al final concluyeron que eso era labia y nada más, pero lo dejaron correr para que se estrellara solito por goloso.

En marzo estalló la covid y todo se derrumbó. La cubanita sexy dejó de conectarse al internet y Julián pensó que se habría quedado sin empleo y sin plata para el internet. Pasaron los días, semanas, meses y el don se consumía en la melancolía. Hasta flaco y lloroso se le veía las últimas veces que coincidía en la hora de cobro: ahora procuraba ir cuando no quedaba nadie en la fila.

Todas las noches rezaba para que encontrarán la vacuna contra el virus y así todo volviera a ser como antes. Y ese antes incluía un viaje a Miami, en busca de su amada. Este mes, cuando fue a cobrar el cheque, se encontró en el restaurante con Eloy, un jubilado que es chispa en todo lo que se refiere a internet. Si hay un campeonato de chateadores de seguro gana porque manda como 400 mensajes al día. Julián puso al corriente al amigo de su desgracia amorosa. El amigo le pidió ver una de las tantas fotografías que atesoraba celosamente. Le mandó una en la que salía la sirenita bajando la escalera de una piscina. Eloy, al primer momento, se dio cuenta que había gato encerrado, que la cubanita era en verdad un cubanito y que el don estaba lejos de notar la diferencia. No se dijo nada para no ponerle más oscuro el destino del compañero que se consolaba mirando.

Puede una chichi de 30 abriles perder la cabeza por un don de sesenta y ocho. Claro que se puede, no sean envidiosos como los otros pensionados.
 

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