Curiosidades

Marino de dos aguas

Marino de dos aguas

jueves 23 de agosto de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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La oportunidad le llegó cuando Auristela sufrió una intoxicación por una comida comprada por ahí

Abelardo pregonaba que era un hombre con una suerte poco común, su mujer le perdonó de corazón diez años de ausencia. Auristela lo dejó entrar de nuevo al hogar, y siguió con todas las atenciones que le dispensaba antes de que él se fuera por diez años a vivir con Maribel. Cuando pasaron cinco años, Abelardo empezó a extrañar los guisos de la cocina de Auristela, y la sazón de ella en la intimidad, y pasó otros cinco pensando en cómo desandar el camino.

La oportunidad le llegó cuando Auristela sufrió una intoxicación por una comida comprada por ahí, y la hospitalizaron durante una semana, tiempo en el que Abelardo aprovechó para llegar hasta allá y trabajar en la reconciliación, que no le costó mucho, porque Auristela era de mentalidad muy amplia, y había comprendido desde el principio del abandono marital, que si quería volver a sentirse feliz tenía que perdonarlo, porque nadie puede vivir con un rencor de esa clase taladrándole el alma y perjudicándole la salud. Con esas ventajas a su favor, Abelardo regresó a su hogar anterior, dejando a Maribel llena de ira, tristeza y frustración, sufriendo la necedad de los conocidos, que a menudo le decían: ‘Seguro que Auristela dirá: Quien roba a ladrón tiene cien años de perdón', otros, los más románticos, le repetían: ‘Haz como dice el refrán, ‘si amas a Abelardo, déjalo que se vaya, si vuelve a ti es porque es tuyo, si no vuelve es porque nunca te quiso, o sea, que no es tuyo', y añadían, cizañosos, que un hombre, a largo, corto o mediano plazo, siempre quiere volver con la primera esposa, que a esa nunca la olvidan por muchas cucas que prueben'.

Y tuvieron razón, porque apenas pasó un año de la reconciliación, Abelardo empezó a extrañar a Maribel, y de nuevo le tocó desandar el camino, pero esta vez no se quedó a vivir allá, sino que iba y venía, con la complacencia de Auristela, quien les decía a los curiosos que querían, de diferentes maneras, hacerle saber que Abelardo andaba de nuevo en amores con Maribel: ‘Ah, sí, ya lo supe, es que Abelardo ahora navega en las dos aguas', y soltaba una carcajada que convencía a los necios de que ella era de esas mujeres con mucha salud mental, tanta que aceptó tranquila que su marido fuera todas las tardes a calentar a la otra, quien tampoco se opuso a la situación.

Fue por pura fanfarronería que en una borrachera, Abelardo dijera que si en su destino estaba alguna enfermedad de esas largas y de mucho cuidado, él estaba seguro de que Auristela y Maribel se ayudarían una a otra para cuidarlo, y que no harían ningún drama en su funeral. Y repitió: ‘Yo nací con una suerte fuera de serie, bien alimentado por ellas, bien cuidado y bien, pero bien atendido en la intimidad, las dos me son fieles hasta la muerte'. Ignoraba el pobre que la muerte le estaba haciendo guiños, y que sus dos mujeres jamás pasarían por el infierno de cuidar a enfermos, porque se acostó esa noche y durmió dos horitas, despertó bañado en sudor y hospital, le tocó a Auristela, quien no manejaba, llevar al enfermo en su regazo, y a Maribel conducir, solo que la ‘Parca' fue más rápida y se los arrebató antes de llegar al nosocomio.

Después de llorarlo por tres horas, abrazadas ambas al cuerpo inerte, tocó la decisión más difícil, ¿adónde llevar al muerto? Auristela decía que el lugar del cadáver era su casa, pero Maribel le recordaba los muchos años vividos en la casa de ella, y entraron en esa discusión que acabó cuando cayeron en una cuneta y, al verse en peligro, ambas trataron de salvar su vida y el cadáver, del amado, pero en la lucha no vieron la quebrada desbordada, y en medio de la oscuridad, las aguas embravecidas no tuvieron piedad de ellas y les arrebataron el cuerpo de Abelardo, quien, a pesar de haber navegado tantos años en dos aguas, no pudo evitar que la correntada se lo llevara a un paradero nunca ubicado.

Jocosa: Ahora, mi marido navega en dos aguas.
 

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