Curiosidades

Manos heladas

Manos heladas

jueves 18 de mayo de 2017 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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En la empresa le decían que el sexo pagado o prohibido era muy diferente al casero

‘Explórame' era el lema de Erasmo cuando iba a la cama con sus ‘damas del amor', como las llamaba él, y como siempre les soltaba un buen billetito, las pelas lo manoseaban al antojo de él y esas caricias le prendían el ánimo a tal punto que muchas lo llamaban ‘el terror de las sábanas'.

En la empresa le decían que el sexo pagado o prohibido era muy diferente al casero: ‘es lo más aburrido, monótono, simple, la esposa siempre está cansada o no quiere ensayar nada nuevo'.

Erasmo les comentó que había conocido a Rocío, y que esta reunía el perfil que él había diseñado para la mujer a la que le daría su apellido. Una compañera añosita, activa en la intimidad y en la búsqueda eterna del hombre ideal, le dijo: ‘No pidas tanto, Erasmo, que tú no eres ningún bonito ni se sabe cuál es tu talento mayor, además, si te la das de tan ardiente no busques mujer señorita, esas no tienen experiencia y a la hora de la verdad fingen que no saben nada de nada y no se atreven a innovar ni a tocar, y recuerda que tú eres de los que les gusta el manoseo'.

Erasmo la oyó, pero su mente estaba en la belleza y abundancia de Rocío, sobre todo en su virginidad.Contra todo pronóstico adverso, Erasmo se casó con Rocío, quien se lo negó la noche de bodas, dando como excusa la clásica de las que no nacieron para amar de verdad: le daba terror nada más mirarle ‘la cosa'.

Con ese pretexto se lo llevó en toda la semana de luna de miel hasta el sábado, cuando a él se le ocurrió darle un traguito suave, logrando que ella cogiera valor y lo aceptara.

La primera y única vez no fue para Erasmo lo que había soñado, su esposa se tiró en la cama, cerró los ojos, como quien espera una lapidación, y abrió los brazos, pero no la parte que él necesitaba, por lo que al final tuvo que hacer uso de la fuerza para poder ingresar al área con la que había soñado desde que la vio en una fiesta.

Rocío estaba tan tensa que se le engarrotaron las manos, las mismas que el marido deseaba que se movieran ágiles, seductoras y sabias explorando cada centímetro de su cuerpo. ‘No puedo', le dijo ella cuando él le susurró ‘explórame, mami, mi amor, mi reina, explórame'.

Como ella le repitió que no podía, él le tomó las manos, que estaban casi heladas y tiesas, y no pudo con la realidad; la acusó de teatrera, de mentirosa, de ‘cazadora', de buscamarido con plata, y de otros detallitos que enfurecieron a la bella Rocío, quien sacó su lado malo y le gritó: ‘Tú querías mujer, aquí está, dale'.

Y como la rabia lo tenía más ansioso, Erasmo subió y bajó casi que enseguida, porque aquella daba unos gritos que a cualquiera le hubieran alterado el ánimo. Terminado el viajecito, él quiso interrogarla sobre la virginidad, y le dijo medio timorato: ‘Disculpa, pero no me pareció que fueras doncella'.

La reacción de Rocío fue la que jamás él se hubiera imaginado: ‘Quién que imita al gallo puede darse cuenta de algo tan íntimo como eso, y quién que toma a la mujer a la fuerza y como si fuera un ladrón puede percatarse de ese detalle, no te importó mi temor ni nada, pura bulla lo de tu ternura y tu comprensión, etc.'.

La desilusión lo dejó mudo, así que ella tomó la palabra de nuevo: ‘Tú eres incapaz de reconocer la virginidad, porque tú nunca habías estado con una, no sabes lo que se siente, porque estás acostumbrado a levantarte a zorras que ya ni recuerdan que alguna vez fueron doncellas, esas son las que te gustan a ti y esas son las que tú conoces'. Quedó Erasmo regañado como un chiquillo, y le tocó esperar el tiempo que exige la ley para iniciar los trámites del divorcio.

Ojo: Las mujeres frías tienen sentimientos más reales.

Dato: Elige bien con quien complicarte la vida.


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