Curiosidades

La tamalada

La tamalada

domingo 18 de agosto de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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La mujer dejó de llorar y lo enfrentó: ‘Ahora te parece una cooperativa del carajo, pero bastante que te ha servido

Muchos se embarcan en una relación prohibida a sabiendas de que cambiarán tranquilidad por angustia. Cuando Eraclio se casó con Dinora algunos predecían un matrimonio de papel o de algodón, cuando más, pero la pareja ya estaba por celebrar las bodas de arcilla y nadie sabía de ningún quemadito. Las envidiosas empezaron a especular que de seguro ya faltaba poco para que Eraclio se aburriera de la vieja, ‘Dinora le lleva 15 años y esa cifra es buco pocotón, esa factura viene bajando prontito', afirmaban. Y lo malo llegó en la celebración de los quince años de una de las pelás del barrio, quien se antojó de invitar a toda la vecindad y en la pachanga trabó conversación Eraclio con una tía de la quinceañera, Serafina, casi cincuentona como su mujer, pero mucho más conservadita y moderna que Dinora.

Luego del jolgorio se encontraron ‘al parecer' por casualidad en un centro comercial, donde Eraclio la invitó a un helado y de allí terminaron en un cuartillo de esos refrigerados en el que Serafina se comió todito el barquillo salado amarrando con esa estrategia a Eraclio, quien quedó tan gustoso que formalizaron la relación de amantes.

Ya lo decía yo, ya está Dinora probando los cachos, aseguraban las chismosas que vieron a Eraclio entrar de madrugada a la casa de Serafina, que no tenía marido, pero sí hijos y le caía muy bien el apoyo económico que Eraclio dejaba debajo de la almohada porque, según él, era un caballero y eso de ‘soltando el c… y dando la plata' no le parecía bien. Y al estilo de Santa dejaba el chimbilín en ese sitio. El rumor le llegó a Dinora y se puso arisca, por lo que Eraclio gozaba cuando se perdía en los brazos de Serafina, pero temía perder su hogar.

‘Ese no lo pongo en riesgo por nada ni por nadie', repetía el caballero, a quien el Malo tentó cuando le llegó el chat de que los hijos de la amante se iban para el interior y ella quedaría solita en la casa ‘así podremos cogernos en el sillón, en el baño, en la mesa del comedor, en la peinadora, et.', leyó Eraclio y perdió la paz. ¿Cómo me escapo?, era la pregunta que bullía en su mente calenturienta por semejante anticipo de gusto.

Fue al anochecer del sábado que Dinora le dijo que a la una en punto de la madrugada del domingo debía estar en la casa de Plinia, la mandamás del club navideño, porque había una tamalada extraordinaria y a ella le tocaba moler. ‘Con este resfriadote que tengo no puedo ir, imagínate que se me sale un estornudo sobre la masa', lloriqueaba Dinora, y su marido le gritó: ‘Estoy harto de esa cooperativa del carajo, el otro año no te metes en esa vaina'.

La mujer dejó de llorar y lo enfrentó: ‘Ahora te parece una cooperativa del carajo, pero bastante que te ha servido, en lugar de criticar deberías decir yo voy a moler por ti'. La creatividad del que tiene ganas surge enseguida y así lo hizo Eraclio, quien le prometió a su mujer iría a moler por ella. Antes de la una partió para la casa de Plinia, adonde llegó dispuesto a meterle ímpetu a la molienda para luego escaparse un ratito adonde Serafina, pero cuando la mandamás le presentó una montaña de tanques de maíz cocido supo que lo agarraría el amanecer faja'o con el molino, y dijo: ‘Se me quedó el celular, voy corriendito a buscarlo'. No regresó a moler ni a su casa, se fue derechito donde Serafina y se dio tanto gusto que se durmió un ratito, despertó a las seis y corrió a su casa, descalzo y sin camisa, botó reloj y celular para fingir un robo. ‘Venía para acá porque me dio un apuro estomacal y me subieron a un carro, me robaron todo y luego me dejaron botado por allá bien lejoooooooooooooos', le dijo a Dinora que lo revisaba llorosa por si los maleantes le habían dado filo a su maridito que en silencio se felicitaba por su mente ingeniosa.

El rumor le llegó a Dinora y se puso arisca, por lo que Eraclio gozaba cuando se perdía en los brazos de Serafina, pero temía perder su hogar.
 

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