Curiosidades

La doncellita

La doncellita

sábado 27 de enero de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Ricardo fue donde todos los vecinos a presentársela, y estos, que eran ágiles con el ojo, enseguida concluyeron que no era virgen nada

El amanecer del lunes hallaba a los vecinos de Ricardo de pie, era el día en que no se podía llegar tarde al trabajo y también el día en que el tranque se disparaba en todos los puntos del país, por lo que ellos ponían el despertador a las tres para que no les voltearan la paila por impuntualidad. La noche anterior se habían acostado morbosos porque su vecino Ricardo, ya en la recta del cuarenta, iniciaba esa noche la vida matrimonial, y nada menos que con una dama doncella, tal como les había contado él en su despedida de soltero: ‘Valió la pena esperar tantos años, porque mi novia Beatriz es virgen'.

Beatriz llegó al atardecer, y Ricardo fue donde todos los vecinos a presentársela, y estos, que eran ágiles con el ojo, enseguida le hicieron la radiografía de las caderas y concluyeron que no era virgen nada, que, a todas luces, había volado bastante manduco y diferentes. ‘Las caderas de ellas lo dicen, caderas anchas es como decir que ya le dieron, la anatomía no falla, no es señorita nada', cuchicheaban los vecinos con ínfulas de osteólogos, pero el comentario quedó entre ellos, porque apenas anocheció, Ricardo cerró las puertas de su vivienda y apagó hasta las luces del patio que jamás había apagado durante los veinte años de vivir en ese barrio, por lo que los vecinos concluyeron que el acto inicial sería con las luces apagadas, oscuridad absoluta, quizás por el pudor propio de la esposa virgen. Algunos hasta dudaron de si se habían equivocado clasificándola como una veterana sexual, otros, los malpensados que nunca faltan, dijeron que lo de la oscuridad era porque Ricardo era, según les contó él en una chupata, de pene pequeño, y prefería hacerlo a oscuras porque se avergonzaba de sus medidas.

El supergrito de Beatriz despertó a los vecinos, quienes pensaron que o no habían dormido nada o era esa la hora en que Ricardo había podido quitar el sello, y quedaron alertas, algunos, sin saber por qué, corrieron hacia la casa de los recién casados, pero recularon tan pronto vieron que todas las luces estaban encendidas. Fue enseguida que los oyeron discutir acaloradamente, y se quedaron atentos movidos por el morbo de que el motivo de la discusión era porque Beatriz lo había cuenteado con el asunto de la virginidad. Nada más lejos de la realidad, porque la causa del grito de la recién casada fue porque descubrió que su cepillo dental estaba demasiado húmedo, y al indagar al marido este le dijo que él se había cepillado con ese cepillo porque ya ellos eran esposos y la ley ordenaba compartir todo. ‘Todo lo mío es tuyo y lo tuyo es mío, a partir de ahora podemos y debemos hasta compartir el cepillo dental e, incluso, sentarnos juntos en el inodoro', anunció Ricardo, lo que dejó a Beatriz histérica porque no aceptaba semejantes ideas.

‘No acepto ese compartir, jamás vuelvas a cepillarte con mi cepillo, eso es algo muy personal, cómo se te ocurre, pon a hervir agua inmediatamente y hoy mismo me compras una caja de cepillos, no sea que repitas esa asquerosidad, jamás me pasó por la mente que tú tenías esas ideas de ignorantes', gritó Beatriz, pero a Ricardo no le dio la gana de hervir el agua, y como estaba arisco porque ella lo había ilusionado en vano con la falsa virginidad, le reclamó airado, y empezó de verdad la primera y única pelea como marido y mujer. Beatriz lo acusó de tener problemas auditivos, porque ella le había dicho que era ‘virgen de corazón', lo que significaba no haber amado nunca a ningún hombre, y que eso era muy diferente a ser virgen físicamente. ‘Tú, con esa mente morbosa, tergiversaste mis palabras, claro, qué se puede esperar de un puerco asqueroso que pretende cepillarse los dientes con un cepillo ajeno'.

Cualquier ofensa perdonaba Ricardo, pero que ella lo llamara puerco, y encima asqueroso, sobrepasaba su límite de aceptación, y le metió dos bofetadas para que aprendiera a comprenderlo, lo que no le perdonó ella, dejándolo soltero de nuevo en la primera mañana de casados.

Mito: Caderas anchas=ya le dieron.
 

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