Curiosidades

Hembra pura

Hembra pura

jueves 8 de febrero de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Luchó desesperadamente por zafarse hasta que lo logró y ya no tuvo duda.

‘A mí solo me gustan los hombres', era el decir diario de Saribeth, quien también estaba en el grupo de las que se la pasaban rumiando la aparente felicidad ajena, sin saber a ciencia cierta qué es lo que realmente pasa entre las parejas vecinas.

Todas las vecinas, tanto las casadas como las solteras, envidiaban a Bety, porque era ella la que tenía el marido más guapo del barrio. Todo un machote, atlético, de cara de hombre bello, velludo y amable. Nadie sabía que en el hogar había un sinfín de dificultades porque Jonathan, el man de la casa, era un flojondango de primera. Un grifo llevaba meses goteando, también había un daño en el techo y varios cuadros tirados en espera de que la mano masculina agarrara un taladro y abriera huecos para colocarlos.

Pero ni uno ni otro problema solucionaba Jonathan, a quien su mujer zarandeó de lo lindo, lo desarropó y le preguntó a gritos ¿¿¿¿¿cuándo?????

Jonathan, que solo tenía en mente la cercanía de los Carnavales, contestó perezoso: ‘Apenas pase la fiesta de ‘Momito' arreglo la pluma, arreglo el techo y te pongo los cuadros', y se dio media vuelta para seguir durmiendo.

Un estruendo de clavos y martillazos por más de dos horas llamó la atención de los vecinos que salieron a ver qué ocurría. ‘¡Mucha mujer esa, caramba, como ella deberían ser todas, si el marido no tiene tiempo para darle mantenimiento a la casa, está muy bien que la esposa se encargue!', decían y aplaudieron a rabiar cuando Bety bajó con el equipo de reparación.

Luego la vieron cerrar la llave del agua y horas después oyeron el ruido del taladro justo cuando llegaba Saribeth, la más pechugona del vecindario y quien llevaba años en busca de un hombre que sumara, en efectivo o en aportes como ir a buscar el gas, arreglar todos los daños, cortar el césped, lavar el carro, bañar al perro, sacar la basura, y ahora quería colgar un espejo enorme ganado en una rifa que hizo otra vecina para pagarse el pasaje hasta Dolega a carnavalear allá, pero no tenía quién le hiciera ese trabajo. ‘¿Y eso, vecina, le tocó a usted misma poner los cuadros?', le preguntó a Bety, quien se alabó por su habilidad de mujer maravilla. Terminaron la plática con el compromiso de Bety de llegar al día siguiente a ponerle el espejo a Saribeth, hecho que ocurrió con puntualidad inglesa.

‘Me acabo de despertar, pase, pase, vecina', añadió Saribeth que aún estaba en su sensual ropa de dormir, y se sentó en la sala a verla trabajar.

Con ojos necios ante la exuberancia expuesta de Saribeth, la mujer maravilla le dijo: ‘Si quiere coger un cinco en el sillón, dese el gusto, que yo solita pongo este espejón', y Saribeth aceptó porque el sueño la dominaba. Confiada y nalgas y tetas casi al aire se tumbó en el sofá. Apenas empezaba a roncar cuando ‘soñó' que le acariciaban las caderas. Siguió durmiendo hasta que sintió que le palpaban la cuca y se despertó sobresaltada.

¿¿¿Qué pasó, qué pasó, vecina, usted me estaba tocando???, gritó molesta. Bety la miró dizque asombrada y negó con la cabeza.

‘Yo no he soltado mis manos del taladro, mire que ya casi puse el espejote', añadió y Saribeth volvió a dormirse, pero no pudo disfrutar mucho los brazos de Morfeo porque esta vez sintió el peso de otro cuerpo sobre ella y se despertó airada.

Luchó desesperadamente por zafarse hasta que lo logró y ya no tuvo duda.

‘Lárgate de aquí, a mí solo me gustan los hombres', le dijo a Bety, quien se apartó, pero Saribeth no pudo evitar que le diera una manoseada.

‘¿Creíste que yo venía a trabajar gratis?, esto tiene un precio', agregó Bety y se le abalanzó con la intención de besarla, pero ya la víctima había agarrado el taladro y con este en la mano la hizo salir de la casa.

‘No se te olvide que a mí solo me gustan los hombres', gritó Saribeth y le cerró la puerta antes de que la otra la ‘violara' y le impidiera salir a lucir su cuerpo los cuatro días del Carnaval.

‘¡Mucha mujer esa, caramba, como ella deberían ser todas, si el marido no tiene tiempo para darle mantenimiento a la casa, está muy bien que la esposa se encargue!',
 

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