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Gol frustrado

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La bella era de acomodarse al gusto masculino, por lo que acordaron tomarse unas pintas y cerrar con un meneo, que Esperanza sugirió que fuera en la casa de ella.

jueves 12 de octubre de 2017 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Preocupada, Esperanza preguntó: ‘¿Cómo, quiénes son, cómo se llaman?', repetía y dejó de besarlo. ‘Les dicen ‘Ruso'

A cualquier mujer se le enfría el ánimo apenas le dicen tía, sobre todo si el lengüilargo es un varón que la mira con ojos codiciosos. Ese domingo, Julio fue a la playa con la idea de dejar allá la desilusión que lo agobiaba por el 4-0 y también ansioso por encontrar una mujer que no pidiera plata ni jodiera tanto y que quisiera ser su amiga de cama. Ahí, en el mar fue donde vio a Esperanza por primera vez. ‘¡Cuidado con las olas, tía!', le gritó. ‘¡¡¡¡Señora, por favor!!!!', le dijo Esperanza y nadó lejos de él. No volvió a verla hasta rato después, cuando la mujer salió del agua y pudo verle el cuerpo, que examinó centímetro a centímetro. Oyó que alguien la llamaba Esperanza.

Enseguida le tomó una radiografía: la cara dice mucha edad, pero el cuerpo habla de pocos años y poco jamaqueo, pensó cuando ella salió del agua y pudo ‘estudiarla' detenidamente: piel lisa, muslos firmes y sin venitas, atrás todo estaba en su sitio, igual las vecinas de arriba, altaneras y erguidas como las de las quinceañeras.

Quedó tan impactado por el cuerpo de la doñita que nadó cerca de ella para conversarle, pero esta se alejó enseguida, temerosa de que volviera a llamarla tía. ‘Esperanza, nade para acá que es más seguro', le gritó él y ella volteó enseguida, sorprendida de que supiera su nombre. Y ya no se separaron hasta la hora de irse, cuando descubrieron que los dos andaban en el mismo paseo y ya a Julio no le parecía tan vieja la cara de su nueva amiga, a quien consideró la mujer perfecta para el talco dominguero que tanto necesitaba.

La bella era de acomodarse al gusto masculino, por lo que acordaron tomarse unas pintas y cerrar con un meneo, que Esperanza sugirió que fuera en la casa de ella, porque estaba en la ruta y le daba la opción de quedarse en su misma cama descansando después del ‘aporreo'. Fue Julio quien le preguntó si vivía sola. ‘Con mis dos hijos, pero esos andan ‘chucheando' y no regresan hasta en la madrugada', contestó ella y él empezó a calentarla besándole el cuello y acariciándola por otras partes.

‘Estás viviendo, Esperanza, y comiendo mazorquita tierna hoy domingo', le dijo el dueño del minisúper, pero la aludida no le paró bola y siguió hacia su casa abrazada de la cintura de Julio, a quien se le ocurrió decirle ‘por este sector viven dos compañeros de trabajo'.

Preocupada, Esperanza preguntó: ‘¿Cómo, quiénes son, cómo se llaman?', repetía y dejó de besarlo. ‘Les dicen ‘Ruso' y ‘Gringo', pero no me sé el nombre, eso sí son buenagente y miembros activos del club de los pinteadores, como yo', contestó Julio mientras la desnudaba. ‘Para, suelta esas tetas, deja, no me desvistas que ya me arrepentí de dártelo', dijo ella de repente. ‘Cómo que no, a mí no me vas a dejar alborotado, mira hasta dónde vine yo y no vine por gusto, esto por aquí es tierra de nadie, así que me lo das o me lo cojo', gritaba Julio que ya estaba como un cañón, pero la dama lo empujó violetamente y le dijo: ‘No me voy a coger con el compañero de trabajo de mis hijos, hasta eso no llego yo, y menos si pintean juntos, no sea que en una borrachera se te salga decir que me cogiste'.

‘Cálmate, que yo no soy de esos', gritaba Julio y la sentó sobre él. ‘Todos los hombres hablan cuando pintean', decía Esperanza, a quien las ganas de manduco joven también la dominaban. ‘Yo no soy así, ya te lo dije', le dijo Julio y ‘entró', pero tuvo que emprender la retirada inmediatamente porque oyó afuera dos voces conocidas llamando a la madre.

Con la ropa en la mano y descalzo, le tocó saltar por la ventana y salir a caminar solo y de noche por ese barrio caliente, y apenas lo oyeron los infaltables canes del área se divirtieron de lo lindo persiguiéndolo.

Incógnita: Caras vemos, pero edad no sabemos. Rayo X: Rostro añoso, pero cuerpo firme y ansioso.
 

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