Curiosidades

Se fugó con un mecánico

Se fugó con un mecánico

lunes 27 de enero de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Como no tenía familia por el barrio y tampoco el recurso para una empleada, las niñas más grandes se encargaban de las menores

Nadie entendió la acción de Camila. Resulta que de la noche a la mañana fue pa' lante y dejó a Federico, el esposo, al cuidado de las cinco niñas, todas en edad escolar. Un fin de semana que Federico viajó a la provincia de Veraguas para que su mamá viera a las nietas ocurrió el asunto. El viernes, cuando se marcharon todo estaba aparentemente bien, la dama le hizo la maleta a las hijas y las despidió de besos y abrazos y el domingo cuando regresaron vieron la nota en la mesa. En un escueto papel le decía al esposo que se marchaba, que no la buscara, que ella se pondría en contacto con él para ver las niñas. Federico esa tarde noche comenzó a encargarse completamente de las niñas.

Como no tenía familia por el barrio y tampoco el recurso para una empleada, las niñas más grandes se encargaban de las menores. Ya cuando entraban a la escuela se las arreglaría, por el momento, la consiga es vivir un día a la vez. Y así fue aprendiendo a suplir las diferentes necesidades de sus hijas. Él salía temprano al empleo, era repartidor en un camión de productos, regresaba cuando ya había oscureciendo, y corriendo para atender a las niñas.

Una vecina, al enterarse de la situación, se ofreció a darle vueltas unas 4 veces a la casa del vecino. La noticia de las andanzas de Camila se fueron esparciendo por toda la colina poblada de casas enclavadas. Ninguna de las vecinas le daba un punto a la jugada de Camila, es más, estaban tan molesta que si la hubiesen visto por aquellos lares le arrancan un par de mechones.

El hogar seguía en marcha, pero se notaba la ausencia de la madre. Cuando las niñas rompían en llanto al extrañar a la mamá, Federico no sabía qué hacer. Se encomendaba a el Nazareno y las cosas volvían a la normalidad. Esta situación se alivió cuando la hermana menor de Federico se vino a la ciudad, a hacerse cargo de las sobrinas. Fue por esos días que el hombre, algo herido, se pudo a indagar para conocer al menos quién le había robado el amor de sus hijas.

Para colmo de sus males, una vecina de las que vive a la orilla de la quebrada sabía toda la sopa, le contó que por la casa, meses atrás, rondaba el mecánico que arregla los carros debajo del palo de mango y que hacía su par de días que nadie lo había visto y en el palo donde arreglaba los carros colocaron un letrero de ‘Mudanza'. Pero no pusieron a dónde se mudó.

Esto fue como echarle un puñado de sal a la herida que no cicatrizaba en el cuerpo de Federico, que los fines de semana sacaba a las niñas y a la hermana a tomar el fresco en los malls. Así marchaban las cosas hasta que la mujer se atrevió a llamarlo para que le llevara las niñas a un lugar equis.

El hogar seguía en marcha, pero se notaba la ausencia de la madre. Cuando las niñas rompían en llanto al extrañar a la mamá, Federico no sabía qué hacer.
 

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