Curiosidades

Ester por Leonel

Ester por Leonel

En los días siguientes, el celular fue motivo de peleas constantes, apenas ella entraba en línea.

viernes 12 de enero de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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En los días siguientes, el celular fue motivo de peleas constantes, apenas ella entraba en línea

Cuando la vida abofeteó a Pedro y un día amaneció sin mujer, porque esta se le fue de madrugada, cuando él roncaba dominado por el cansancio de catorce horas de trabajo duro, el buen ánimo se le perdió por largo tiempo, y la confianza se le acabó completita. Pasó varios meses en los que hasta hablar, bañarse y comer le resultaban una odisea, pero como no hay nostalgia ni dolor que no se olvide, con el pasar del tiempo volvió a ‘vivir' y se reintegró al club de los pinteadores.

‘Va saliendo poco a poco, ya se le pasará por completo y quizás, para la otra Navidad, ya tenga otra mujer', pregonaban, días antes del Año Nuevo, los amigos de Pedro, a quienes se les dibujó una sonrisa de pura satisfacción cuando supieron que este andaba coquetoso con la muchacha que vendía chorizos picantes cerca del bar donde celebraban la reunión semanal. Enseguida le hicieron la radiografía a Maricruz: ‘y son de verdad, las pechugas y los melones, pura natura, nada de c… ni tetas compradas, le gana por calle a la perra esa que traicionó a nuestro amigo Pedro, y al que Dios se la dio que san Pedro se la bendiga', decían felices los amigongos de Pedro, ignorantes de que este había quedado dañado para siempre por la traición sufrida, y que la desconfianza que anidaba en su alma lo imposibilitaba para amar de nuevo sin poner en riesgo la relación por sus celos absurdos.

Antes de que terminara la primera cita, ya Maricruz estaba indecisa, porque Pedro le dijo que prefería que usara de los teléfonos de antes, y tajante añadió: ‘No me gusta verte en línea, enseguida pienso que estás enamorándote con otro, que me estás traicionando, tampoco quería que ella pusiera su foto en el perfil. ‘Quítala, no quiero que ninguno te esté mirando', exigía, pero la bella le dijo que por ese día lo dejaran así, que apenas se estaban conociendo y que no era prudente que quisiera dominarla de esa manera.

En los días siguientes, el celular fue motivo de peleas constantes, apenas ella entraba en línea, Pedro estaba midiéndole el tiempo, y si no era con él con quien chateaba, le enviaba chats acusándola de estar ‘con el otro o los otros', y la bloqueaba un rato para luego desbloquearla y pedir disculpas argumentando que era algo superior a sus fuerzas y juraba la clásica ‘no lo volveré a hacer'.

Pero faltaba a su juramento minutos después, al parecer, pasaba con el celular en la mano para saber si la novia estaba en línea, y si la llamaba y salía ocupado o no le contestaba, de inmediato se ponía iracundo y le llovían a Maricruz las acusaciones y las amenazas de montarle un operativo de vigilancia hasta pillarla con el otro. Fue ella, en ese afán de muchas por tener pareja, la que ideó que el celoso recibiera ayuda profesional, y aquel aceptó con la condición de que ella lo acompañara a las sesiones con la psicóloga, que resultó demasiado parlanchina y terminaron cambiándola por un doctor de vasta experiencia que les dijo que la confianza mutua debía ser el primer ingrediente de esa relación, y de eso se agarró Pedro para pedirle a Maricruz el derecho a revisarle el celular, y le dio el suyo para que ella hiciera lo mismo; fue ese el principio del fin del noviazgo, porque ella había reemplazado los nombres de todos sus contactos masculinos por nombres femeninos, y estando él con el celular de ella en la mano, la llamó Leonel, el papá de sus hijos, y Pedro se apuró a contestar: ‘Un momentito, Ester, que ya Maricruz le va a contestar'.

Del otro lado surgió el misil: ‘Disculpe, yo no me llamo Ester, yo soy Leonel, el exesposo de Maricruz'. Fue un veneno para Pedro, se llenó de celos ciegos y la mente se le ofuscó, la agarró a puño limpio y, gracias a la acción vecinal, Maricruz siguió anotada en el libro de los vivos. Cuando salió del hospital renunció a su trabajo y se mudó bien lejos, donde Pedro y sus celos locos no la encontraran nunca.

‘Disculpe, yo no me llamo Ester, yo soy Leonel, el exesposo de Maricruz'. Fue un veneno para Pedro, se llenó de celos ciegos y la mente se le ofuscó
 

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