Curiosidades

Ese no es mi hermano

Ese no es mi hermano

jueves 2 de agosto de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Desde el primer día hubo problemas graves que les impidió complacerse en la intimidad, porque, tras calmar los ánimos

Alfonso y Dalila pensaron que sería fácil la convivencia, porque cada uno traía dos hijos de la relación anterior que ellos rompieron, supuestamente, en nombre de un amor inconmensurable que no les permitía vivir separados; pero les salió Candangas y los puso a sufrir, la ex de Alfonso le exigió que se llevara a los hijos, todo contrario a los planes de él, que pensó que solo le tocaría lidiar con los hijos de Dalila, lo que no le resultaría difícil, porque él era de buen trato y muy cariñoso.

Desde el primer día hubo problemas graves que les impidió complacerse en la intimidad, porque, tras calmar los ánimos, estaban tan cansados que no les quedó otra opción que entregarse al sueño. Alfredito, el hijo mayor de Dalila, se puso histérico cuando vio que metían otra cama a su habitación, y formó una pataleta descomunal que casi termina afectado. En su defensa soltó cuanta frase hiriente guardaba para Alfonso y sus hijos, que tampoco eran muy santitos, Alfonsito le enseñó el puño cerrado y hasta habló de no dejar las cosas así. ‘La estás pagando', le gritó a Alfredito, quien también conocía ese lenguaje, y le contestó: ‘Por ahí nos vemos la sangre, intruso hijo de cloaca'.

Le tocó al día siguiente la peor parte, a Alfonso, despertar a su hijastro Alfredito, para que se levantara y estuviera listo a la hora en que pasaba el colegial. Llevaba rato llamándolo cuando se le ocurrió decirle: ‘Levántate, papi, que se te está haciendo tarde'. El chiquillo, que estaba despierto jugando con el celular, se levantó de un salto y se le puso enfrente diciéndole: ‘Dos cositas, Alfonso, a mí no me digas papi ni hijo ni Alfredito ni nada, llámame por mi nombre de pila, y segundo: no se te ocurra decirme que no puedo usar mi celular hasta la hora que se me pegue la gana, ¿estamos claritos?'.

Esa misma tarde hubo otra trifulca que le tocó atender a Dalila, las dos pelás discutieron porque según Dalilita, había desaparecido un frasco de perfume de ella, y como nadie más había entrado a la recámara lo lógico era que Gracelín, la hija de Alfonso, lo hubiera escondido o hurtado. Fue un festival de groserías, Dalila llamó a Alfonso para decirle que GRacelín era muy grosera, y este salió en defensa de su hija argumentando que solo actuaba así cuando la provocaban, que lo más seguro era que a Dalilita se le había dio la lengua y que por eso la situación había terminado en afrenta.

Terminaron discutiendo los dos, y pasaron una semana disgustados porque cada uno defendía a su hijo y no se sentaban a dialogar con ellos. La pelea de los hijos e hijastros no impidió que disfrutaran su luna de miel, solo en ese momento olvidaban las palabras desafortunadas que se habían dicho uno al otro. Así iban, de problema en problema, hasta que llegó la quincena y les tocó aportar a cada uno para comprar la comida. Alfonso dio un grito de terror cuando Dalila le dijo lo que debía aportar. ‘Es que ustedes comen oro o qué', expresó tímidamente, y aquella le chilló a quemarropa: ‘Mis hijos y yo no comemos lo que venden por ahí, comemos productos cultivados con las mejores técnicas y los más saludables, y eso es caro, eso cuesta, eso no es barato'.

Con dolor en el alma, Alfonso dio su aporte y quedó preocupado, no le quedaba ni para el desodorante ni el combustible, quedaba más pobre que antes de recibir la anhelada quincena. Esa noche se formó la debacle, con el afán de acercar a los muchachos, le dijo a Alfredito: ‘Tu hermano es hábil en álgebra, quieres que le diga que te ayude'.

El huracán se desató de inmediato, a gritos y con mucha ira, Alfredito contestó: ‘ESE NO ES MI HERMANO, NO LO ES NI HOY NI NUNCA, SÁCATE ESA HP IDEA, NO ES MI HERMANO', y lanzó el control hacia el techo; Dalila corrió a ‘consolarlo' mientras recriminaba a Alfonso por no tenerle paciencia. Terminaron enfrascados los dos, y antes del amanecer, Alfonso tuvo que volver con sus hijos al hogar abandonado, porque era imposible la convivencia con sus hijastros.

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Jodido: Ese babieco es hijo tuyo, y no es ni nunca será mi hermano.


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