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Enseñanza bárbara

Enseñanza bárbara

miércoles 25 de septiembre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Pondría un anuncio en los periódicos, porque el salario que ganaba como maestra no le alcanzaba para mucho. 

Estaba decidido. Pondría un anuncio en los periódicos, porque el salario que ganaba como maestra no le alcanzaba para mucho. Bárbara necesitaba un extra y creía que unas clases privadas para alumnos que necesitaban reforzar sus conocimientos sería la mejor forma de lograrlo.

Bárbara era una maestra muy joven, venida del interior sin sus padres, y todavía tenía poca experiencia de la ciudad. Era muy bonita, con una figura que cortaba la respiración. En la ciudad se había dejado fascinar por la forma de vestir de otras chicas de su edad y aún más jóvenes, pero sabía que su indumentaria tenía que ser conservadora, por lo menos en el colegio. Una vez que salía, eso sí, vestía a su gusto. Bárbara pensó: ‘Bueno, las clases serán en mi casa, y en mi casa yo pongo las normas y me visto como quiero. Los muchachos son estudiantes y los estudiantes vienen a aprender su materia. ¿Sí Barbarita? Ya veremos.

Puso el anuncio y pronto su casa se fue llenando de jóvenes con la necesidad de reforzar, y luego, por recomendación de estos, más y más chicos fueron sumándose a las clases. No cabe duda de que la cosa funcionó para algunos. Muchos muchachos estudiaban porque no querían quedarle mal a una profesora tan bella. Para otros, los menos, la materia seguía siendo antidigestiva e intoxicante. Hasta les daba urticaria y eso no hay belleza ni medicamento que lo remedie. Un tercer grupo de alumnos encontraba como una tarea bastante titánica dividir su atención entre el contenido de la materia y el contenido de aquellos pantalones tan ajustados que usaba Barbarita. Pero cuando no se los ponía era bastante más difícil no ponerle atención… a sus piernas, claro está, largas, curvilíneas y turgentes, llenas.

Doña Goya mandó a su hijo Toñín a tomar ese curso para ver ‘si se le quitaba lo bruto que había heredado de su padre', ya que el chico, la verdad, necesitaba reforzar casi todas las materias. Al principio Toñín no quería ir, por la misma razón que le iba mal en el colegio. Era haragán para el estudio. Lo hizo reflexionar, primero, la ‘elocuencia' de su madre, que tomó una vara de un árbol y la azotó contra la mesa. ‘Una razón muy contundente', pensó Toñín. El segundo argumento favorable lo puso un amigo que llegó a casa y le contó a Toñín de las dotes de Bárbara para enseñar. ‘Joo, esta profe si enseña de verdad', dijo entre risas. A Toñín le picaron la curiosidad y las repentinas ganas ‘de aprender'.

Fue, pues, Toñín a las clases y regresó encantado. Pero regresaba bastante tarde, consultando a la maestra. A doña Goya le molestó esto, porque su hijo debía estudiar otras asignaturas. Pero viendo que era inútil pedirle que volviera más temprano, envió a su marido, que estaba libre por las tardes, para que averiguara por qué su hijo se tardaba tanto en volver a casa.

Don Jacinto fue un poco a regañadientes, para complacer a su esposa. Regresó entusiasmado. ‘Esa mujer sabe enseñar', le dijo a doña Goya. Es más, yo también voy a inscribirme en sus clases para aprender un poco'. ¿Y no debería ir yo?, preguntó Goya. ‘Porque si es una maravilla, a lo mejor es mucha cultura la que me estoy perdiendo'. ‘Oh, no', le dijo don Jacinto, ‘tú te quedas a atender la casa y a cocinar'. Pero doña Goya era curiosa. Una tarde se fue detrás de su esposo y de su hijo, sin ser vista, para mirar el espectáculo educativo de la profe, que a lo mejor merecía una medalla. La puerta estaba entreabierta para recibir a los alumnos, así que entró. Los vio a todos absortos y a Bárbara enseñando su materia… en un brevísimo vestido.

Doña Goya fue directo a su marido y lo prendió de una oreja. ‘Así que esta es la materia que vienen a estudiar. ¡Te vienes a casa ahora mismo! ¡Y tú también!, bramó contra Toñín. ‘A ti te enseño yo después', clamó levantando un puño contra Bárbara, que, nerviosa, se apresuró a suspender la enseñanza del día.

Bárbara era una maestra muy joven, venida del interior sin sus padres, y todavía tenía poca experiencia de la ciudad. Era muy bonita, con una figura que cortaba la respiración.
 

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