Curiosidades

Ella les deja…

Ella les deja…

lunes 16 de septiembre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Para cuando llegaron al cementerio, aquel grupito ya eran unas cien personas en bullicio total.

Ay Panchita, ay Panchita, ¿por qué te nos juiste? Así decían y así lloraban una y otra vez las plañideras. Panchita vivía más sola que la una. No tenía casi amistades, solo conocidos. Y sola murió cuando le dio aquel faracho tan repentino. Pero tenía un nieto. Y este no estaba dispuesto a que su abuela partiese al otro barrio en soledad, sin nadie que la despidiese.

El nieto de Panchita, que se llamaba Justino, contrató una minibanda de músicos que fuesen tocando una pieza fúnebre camino del cementerio. Y antes de eso, contrató a aquellas plañideras que le lloraban en el velorio casi vacío. ‘Te nos juiste, Panchita, y sin avisar'. ‘Y no nos dejaste nada, Pancha. Qué mal'. Y así siguieron hasta que llegó la hora de partir de la sala de velación del templo hasta el dormitorio comunal que nos espera después de encontrarnos con la pelona.

El cortejo hacia el cementerio iba lentamente por las calles del barrio, compuesto por aquel chunche viejo que llamaban carroza fúnebre, la minibanda y las lacrimosas mujeres que lloraban lágrimas de cocodrilo. Detrás iba el nieto, secándose los ojos con un pañuelo. De cuando en cuando levantaba la vista, veía dos vagos parados en la esquina y los invitaba a unirse al cortejo de su abuela.

‘Vengan, vengan, que doña Pancha les dejó algo'. Y los vagos se sumaban. ‘Aprovechen, vengan ahora, que el que no está en el entierro de su padre no recibe herencia, repetía. Y otros cuantos se agregaban. También la gente curiosa, impresionada por aquellas mujeres que lloraban a grito pelado y por la música fúnebre decían: ‘Esta debió ser muy querida, aunque no lleva mucho público'.

Para cuando llegaron al cementerio, aquel grupito ya eran unas cien personas en bullicio total y camisas de todos los colores hasta el rojo más subido. Total, casi nadie había salido de su casa para ir a un entierro.

‘Ay, Panchita, callénse ya malditos que se nos jué Panchita'. Las voces de las plañideras subieron por encima de la marea de murmullos. ‘Si te vas a arrancar las prendas de tanto dolor, déjame los aretes', le susurró una mujer a una de las plañideras, que le lanzó una mirada fulminante.

Por fin se hizo silencio, y el nieto de Panchita tomó la palabra: ‘como ustedes saben, mi abuela los quería mucho'- ‘Nos quería mucho ver lejos, como que no le gustaban las visitas', comentó uno en voz baja. ‘Con lo que me den por acompañar a esta vieja voy pagando las cuentas', pensaba Betulia, presente en el cementerio.

El nieto siguió hablando: ‘Ella les deja… su eterno agradecimiento. Sus mejores deseos de dicha y prosperidad aunque no sea Año Nuevo. Ella les deja… su perrita chihuahueña, pa que se la cuiden. La pobre está flaca y pulguienta, pero ustedes sabrán alimentarla bien. Te la dejo a ti, Eufemio, que te gustan los animales. En cuanto a ella, a mi abuela me refiero, que los quería (aquí le salió un gemido), les deja sus recuerdos de infancia. Y sacó una lata de galletas llena de fotos viejas.

‘Ella les deja, finalmente, lo más costoso que tenía…', aquí todo el mundo contenía la respiración. ‘Sí, ella les deja… sus deudas'. Al tendero, 50 palos. De eso te puedes encargar tú, Pantaleón. Al boticario, 20 palos. Hazte cargo, Juana. Al carnicero, 15 con 50 centavos. Eso es tuyo, Julián. Los gastos de misa y entierro suman 72 dólares, los que distribuiré equitativamente entre algunos presentes (y los fue señalando): Ricardo, Etelvina, Jaime, Lucía, el señor Peña y Juliana. Ponen 12 cada uno y ya está'. ‘¿Eso es todo?, preguntaron mal encarados los repentinos ‘condolientes'.

‘¿Qué más quieren? Ella les deja todo lo que tenía', sonrió Justino, satisfecho de haber encontrado solución, según su parecer, a la herencia de su abuela. ‘Ahora verás lo que te vamos a dejar nosotros', fue la respuesta. Y tuvo que correr mientras le arremangaban una lluvia de piedras. ‘No es fácil encontrar gente agradecida', dijo Justino mientras huía.

El nieto de Panchita tomó la palabra: ‘como ustedes saben, mi abuela los quería mucho'- ‘Nos quería mucho ver lejos, como que no le gustaban las visitas'
 

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