Curiosidades

El papá soy yo

El papá soy yo

jueves 17 de octubre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
redaccion@elsiglo.com.pa

Rigoberto era aficionado al boxeo desde muy niño. 

Rigoberto era aficionado al boxeo desde muy niño. De hecho había empezado golpeando a sus compañeritos de escuela. Ese era el comienzo de su récord, decía él muy ufano. Y como a todos les ganaba por nocaut y esta acostumbre la conservó hasta los 15 años, en que dejó la escuela, alguien le preguntó: Ya que eres un grandulón, bravucón y abusador, ¿por qué no te metes al box y aprovechas allí tu energía? Y eso hizo. Rigoberto comenzó una carrera muy afortunada en el campo del box aficionado; cosechó algunas medallas, así que un amigo le sugirió no esperar más y sumarse a las filas del box rentado. El boxeo requiere una disciplina exigente para tener éxito, como cualquier otro deporte; infortunadamente muchos pugilistas no aplican esa disciplina a su vida personal, y Rigo era uno de ellos. Grosero, pendenciero, fanfarrón, de mal carácter, aunque no golpeaba a los amigos porque sabía que le podía acarrear consecuencias penales por ser boxeador. Y además, era comelón, lo que no se congraciaba con el cuidado que debe poner un atleta en su preparación física. Pero él era fuerte y obstinado, y con eso compensaba algunas carencias de su preparación.

Rigo fue noqueando a varios, en una gran racha. Estaba invicto cuando le llegó la hora de una pelea de gran nivel. Se preparó medianamente y subió convencido de su éxito. Olvidé decir que cuando firmaron la pelea sus apoderados, fue la primera vez que Rigo reparó en la carrera de aquel boxeador que también estaba invicto, y al vincular su nombre y apellido con su foto le vino el recuerdo de dónde lo había visto antes. ¡Claro! Era un antiguo compañero de escuela, de segundo de secundaria, al que él había tomado de ‘congo'. Recordaba lo mucho que se había burlado de él, los golpes que le había dado y que nunca hicieron las paces; se rio al recordarlo: ‘a este me lo almuerzo en un dos por tres. Lo que no entiendo es cómo ha podido mantenerse invicto hasta ahora. Ha de haber vencido a muchos paquetes'. Ni siquiera verificó su récord. Rigo subió al ring lleno de euforia: esa noche aplastaría a su antiguo compañero, daría remate final a las palizas que le dio, y le demostraría que se equivocó de profesión. Rigo entró con una bata que decía: ‘aquí el papá soy yo'.

La pelea empezó lenta, y en un primer round de estudio Rigo fue tanteado por muchas manos rápidas, más que estudiado. Eso no le gustó. En el segundo salió a apretar, pero fallaba todos los golpes y su rival lo recibía con metralla por los costados para restarle velocidad. En el tercero, el rival de Rigo comenzó a combinarlo arriba y abajo, y con fuertes puños en la cara le inflamó el ojo derecho rápidamente. En la esquina, mientras recibía hielo Rigo musitaba: ‘no sé donde aprendió a boxear este, pero lo voy a matar'. Salió muy frontal en el cuarto, como toro enardecido, y recibió otra banderilla: un derechazo en la nariz, y cayó sentado echando sangre. Se levantó a seguir peleando y una nueva derecha le botó el protector bucal y dos dientes. La campana lo salvó. En el quinto, sangró por la ceja izquierda, y la sangre no le permitía ver las trompadas que viajaban a su rostro. Se recostó sobre las cuerdas, herido, resoplando y concluyó que estaba pagando en una sola cuenta las palizas que había dado a ese muchacho. Un gancho al hígado puso fin a su agonía. Le contaron diez, pero pudieron ser mil. Cuando volvió en sí, le dijo a su apoderado que esa era su última pelea. Y lo mejor: empezó a ser más humilde.

Rigo fue noqueando a varios, en una gran racha. Estaba invicto cuando le llegó la hora de una pelea de gran nivel. Se preparó medianamente y subió convencido de su éxito.
 

comments powered by Disqus

Multimedia

  • Videos
  • Fotos

Lotería

sábado 30 de noviembre de 2019

  • 0025 1er Premio
  • BCDD Letras
  • 20 Serie
  • 11 Folio
  • 0232 2do Premio
  • 0117 3er Premio