Curiosidades

El miserable

El miserable

jueves 3 de octubre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
redaccion@elsiglo.com.pa

El decía que no estaba en este mundo para resolver los problemas materiales de los demás. 

Don Pantaleón era miserable hasta la ruindad. Era el mejor posicionado económicamente entre los del barrio, pero comía en la fonda o en el quiosco solo por ahorrar. No, no era la virtud del ahorro, era que era tacaño de verdad. Y si alguien le pedía algo para comer, le regalaba los cubiertos de plástico que no había usado.

El decía que no estaba en este mundo para resolver los problemas materiales de los demás. Nadie sabía bien para que estaba Ni pegándole en el codo podían hacer que abriera la mano. Su respuesta cuando le pedían ayuda era: a) ignorarlos o decirles: b) no tengo plata c) no tengo tiempo d) salí sin dinero e) le ayudo otro día f) busque trabajo g) siga buscando h) todas las anteriores. Pero don Pantaleón sí tenía dinero, en el bolsillo y en el banco. No apartaba nada: ni para el teletón, ni para iglesia, ni para pobres, ni para nadie. Ni a sus parientes ayudaba. Y todo lo que ingresaba le parecía poco… para él. En cuanto al tiempo, bastante le aburría tener que escuchar los problemas ajenos, así que allí también daba la espalda.

Don Pantaleón afirmaba que había dos maneras de hacerse rico: una, heredar, como él, para no tener que mirar ni de lejos a la pobreza. La otra era trabajar para acrecentar sus bienes. Y él trabajaba (o hacía trabajar a otros, según se mire) pero era codicioso. Y sus bienes, tan suyos, ¿para qué compartirlos?

Tal vez el problema de Pantaleón era que al no haber sido pobre nunca no sabía lo que era el hambre ni sentía empatía por los demás. Y junto con la insensibilidad, el egoísmo: ‘Si yo sigo trabajando, que esos desempleados vayan a sudar si quieren algo. A nadie le regalan lo que tiene'.

En realidad, a él no le correspondía vivir en ese barrio, podía vivir en uno mejor porque tenía el recurso para ello. Pero lo hacía ‘por ahorrar'. La movilidad social no lo tentaba. La codicia de tener y tener, sí. Si don Pantaleón se negara a ayudar a los bribones, a los que solo querían dinero para el vicio, a los falsos pobres, nada habría que objetarle, pero él

Un día a Pantaleón se le incendió el negocio que tenía allí mismo en el barrio. Y aunque acudieron presto los bomberos no pudieron hacer nada para salvarlo. Ardió muy rápido. Don Pantaleón gastó gran parte de su dinero para rehacerlo, pues no lo había asegurado, pero luego no tuvo un éxito parecido, y llegó el momento en que quebró. Le quedaba aún alguna cantidad de dinero en el banco, que le daría la oportunidad de sobrevivir por un tiempo. No obstante, su mujer, que tenía acceso a las cuentas, las vació y se fue de la casa dejándolo en la ruina total.

Buscaba excusas para no ayudar a nadie. En el fondo, lo que le preocupaba era tener que gastar un céntimo en otra persona fuera de sí mismo, su incapacidad de compartir y de entender que la gente tiene necesidades reales de las cuales no siempre tiene la culpa.

Ahora Pantaleón se preguntaba, ¿de qué voy a vivir? Tenía sus años y no muy buena salud, y no era fácil que le dieran empleo a él, que por otra parte no había hecho otra cosa siempre sino mandar. Muy a su pesar, se vio obligado a pedir ayuda económica a sus vecinos. Estos, a pesar de que lo conocieron como un consumado tacaño, tuvieron piedad de él, y sin echarle nada en cara acudieron en su auxilio. Le llevaban comida, le ayudaban con recursos y reparaciones.

En el barrio, en todos los barrios populares, puede haber revolcones a diario, pero también hay mucho buen corazón.

El decía que no estaba en este mundo para resolver los problemas materiales de los demás. Nadie sabía bien para que estaba Ni pegándole en el codo podían hacer que abriera la mano.
 

comments powered by Disqus

Multimedia

  • Videos
  • Fotos

Lotería

domingo 13 de octubre de 2019

  • 1725 1er Premio
  • DDBC Letras
  • 6 Serie
  • 3 Folio
  • 5472 2do Premio
  • 4486 3er Premio