Curiosidades

El enterrador

El enterrador

jueves 31 de octubre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Juancho se había quedado jugando fuera de su casa aquella noche. 

Juancho se había quedado jugando fuera de su casa aquella noche. Jugaba solo a la luz de la luna, con una pelota de fut. De repente, escuchó el rumor de las hojas en el boscaje cercano y se asustó. ‘Ah, el viento'. Sin embargo, se sentía observado. Le restó importancia, pues no veía a nadie, y siguió dando toques al balón. De pronto, otra vez, aquel rozamiento estremecedor de las hojas de los árboles. Miró con atención. Ahora sí lo veía. Se movía entre las ramas bajas y caminaba lenta, pesadamente. Era una figura larga y encorvada. Sin dejar de guardar una distancia prudente, Juancho decidió seguirlo. Un sendero desierto separaba la casa de Juancho de la tapia del cementerio. La figura entreabrió las rejas de entrada y se deslizó en el interior. Juancho hizo acopio de valor y le siguió por entre las tumbas tristes y lúgubres. La figura se paró frente a una cripta, entró en ella y, para no perderlo de vista, Juancho entró también. Adentro no vio a nadie. En el suelo había una doble losa con argolla que trató de levantar, pero ninguna de esas losas cedió a la fuerza de sus brazos. Eran muy pesadas para él. De repente, un rumor de voces se levantó de lo profundo de aquellas losas. Unas voces que no pudo descifrar. Un ramalazo de miedo sacudió la espina de Juancho y salió corriendo de la cripta. Tropezando con las tumbas, corrió y corrió sin parar hasta que llegó a su casa. Aquella noche no pudo dormir.

Al día siguiente, Juancho contó su aventura al primo Samuel. ‘Debes de estar loco'. ‘Si no me crees quédate esta noche a jugar fuera de la casa conmigo. Tal vez vuelva. Estaba aquí cerca'. Samuel aceptó. Más tarde, casi de noche, llevaban buen rato golpeando el balón, cuando dijo Samuel: ‘Creo que tu amigo no vendrá. Ya me estoy aburriendo'. ‘Puede ser. Porque lo escuché pasar anoche no significa que vuelva hoy. Pero acaba de anochecer. Debemos….' No pudo acabar porque su primo lo interrumpió. ‘¿Oíste eso?' ‘¿Qué cosa?' ‘Un sacudimiento de hojas'. De nuevo las hojas murmuraron. ‘¿Lo ves?', gritó Juancho. Con un ademán Samuel le pidió callar. Se aproximaron al boscaje. Vieron a la figura larga, oscura, que se movía entre las ramas lentamente. E igual que hizo Juancho la noche anterior, lo siguieron a prudente distancia. Cuando lo vieron entrar en la cripta, Samuel exclamó: ‘Sigámoslo'. ‘¿Estás loco?, yo ahí no entro', respondió un Juancho cobarde, pero no tonto. Samuel desistió, y ya de regreso, habló así: ‘Mañana volveremos con un par de amigos más valientes que tú. Con ellos entraremos'.

A la tercera noche, Graciano y Francisco se unieron a Samuel y Juancho en el empeño por resolver el misterio. Vieron emerger la misteriosa figura en medio del boscaje. Le siguieron hasta el portón del cementerio. Esta vez distinguieron, a la luz lunar, que se trataba de un hombre altísimo, de horribles facciones, que iba envuelto en una especie de manto o una amplia levita que daba contornos de bulto impreciso a su figura. Llevaba un sombrero de alas. Y esta vez… una pala. ‘¿Será el enterrador?', se preguntaron. ‘Pero, ¡a estas horas!' Entró a la cripta, y unos minutos después ellos también. Vieron la pala apoyada en una pared, pero no al hombre. Entre los cuatro alzaron las losas de la cripta y descendieron por unos escalones de piedra. Sus ojos miraban el interior cuando, los sorprendió el duro impacto de las losas: alguien o varios las habían dejado caer. Estaban encerrados. Graciano les pidió calma mientras apuntaba con su linterna. Enfrente de ellos se erguía una pared. En ella pudieron leer: ‘La pala es para enterrar sus restos. ¿Quién podrá encontrarlos?'. Entonces oyeron el murmullo de voces de la primera noche, y aterradoras y malvadas risas, risas, risas.

Juancho hizo acopio de valor y le siguió por entre las tumbas tristes y lúgubres. La figura se paró frente a una cripta, entró en ella y, para no perderlo de vista, Juancho entró también. Adentro no vio a nadie.
 

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