Curiosidades

El don Juan

El don Juan

viernes 11 de octubre de 2019 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Mi corazón es tuyo, tú lo sabes. A otra no puedo mirar'. 

‘Hola, Andrea, mi corazón es tuyo, tú lo sabes. A otra no puedo mirar'. ¿De verdad?, contestaba la enamorada. ‘Desde luego, reina mía. Esta noche paso a visitarte'. Y cerraba el teléfono. ‘Je, je. Mañana es martes, llamaré a Marisol', pensaba. ‘Hola, Marisol querida. ¿Cómo estás? Mañana es martes y quisiera invitarte al cine. Sí. Darán una buena película. Hoy no puedo verte, tengo mucho trabajo hasta muy tarde. Bueno, hasta luego'. ‘Ja, ja. Otra más. Llamemos ahora a Lucre', se decía. ¿Cómo estás, Lucre? ¿Triste y aburrida? Bueno eso tiene remedio. Te sacaré para un paseíto. ¿Cuándo? El miércoles'.

De este modo y manera iba llenando César su agenda de citas. De verdad que era un hombre muy ocupado y muy dividido entre un sinnúmero de novias, a todas las cuales debía complacer y quería hacerlo. El detalle es que ninguna de ellas debía de sospechar la existencia de las otras.

Tenía una novia para cada día de la semana o eso intentaba. Y si ellas empezaban a sospechar por ser citadas el mismo día cada semana, les intercambiaba las fechas. Incluso en alguna ocasión le decía a alguna que no podía verla esa semana. Pero usaba ese día para ver a otra chica ya conocida o a una nueva, que, al fin y al cabo, lo importante era la variedad.

César no era tonto; sabía que las novias así, sin un propósito serio del pretendiente y sin que este mostrase constancia no pueden durar, pero eso no le preocupaba. Lo que él quería era tener chicas nuevas, experiencias nuevas. No amarrarse con ninguna. Por lo tanto, en cuanto la chica le apretaba en sus exigencias o él se aburría, pretextaba una incompatibilidad o armaba el motivo de una pelea para romper y buscarse otras. Este método le dio resultado muchas veces.

Si estoy describiendo al perfecto sinvergüenza no es coincidencia con la realidad. Es que la realidad es esa. César, sin embargo, nunca se dio una vuelta por el refranero español. Hubiera descubierto cosas como ‘tanto va el cántaro al agua que por fin se rompe' o ‘antes cae un mentiroso que un cojo' o ‘para mentir y comer pescado hay que tener mucho cuidado'.

César no era tonto; sabía que las novias así, sin un propósito serio del pretendiente y sin que este mostrase constancia no pueden durar, pero eso no le preocupaba.
 

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