Curiosidades

A Cirilo casi se lo lleva el Diablo

A Cirilo casi se lo lleva el Diablo

sábado 6 de marzo de 2021 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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La familia conformada por 16 personas entre hijos, nietos, abuelos y yernos, tenía que sudar el lomo para abastecerse

----Cirilo, tú eres mío.

----Quién, quién… anda por ahí.

Una silueta se desplazó por la angosta choza y un olor azufre cubrió la habitación, donde Cirilo acostado en hamaca despertó asustado al escuchar el retumbar de su nombre, a eso de las 2 de la madrugada del Viernes Santos.

¿Quieres saber cómo empezó todo?

Allá por los años setenta, específicamente en 1978, una familia residente en Las Lomas, en Chiriquí, era muy respetuosa de las creencias religiosas. De costumbre acudían a misa todos los domingos, a las 7 de la mañana.

La familia conformada por 16 personas entre hijos, nietos, abuelos y yernos, tenía que sudar el lomo para abastecerse. Trabajaban sobre todo en la agricultura y ganadería. Los domingos, después de misa, no faltaba el sancocho, arroz con coco, gallina o carne guisada, acompañado con plátano maduro y chicha de tamarindo. En esta singular familia destacaba por su ímpetu Cirilo, el hijo menor de Pancho Guayamos y Josefina. A él le gustaba la cacería y era muy hábil en eso, por lo que de adolescente le apodaron ‘Ojo de Tigre'.

Acostumbraba a salir a actividades nocturnas los viernes y regresaba tarde de la noche del día sábado, para acompañar a la familia el domingo a misa.

Le gustaba ir de cacería a la montaña con su primo Titi alias manguera, por su casi dos metros de estatura. Un Jueves Santo a Cirilo se le ocurrió invitar a su primo a cazar.

---Ey primo, estás aburrido. Vámonos a la montaña, seguro nos va mejor que la otra vez y cazamos por fin a ese escurridizo vena'o y en piezas lo vendemos acá en el pueblo.

--- No primo. Yo no me atrevo anda por ahí a la luz de la luna y menos en esta época, recuerda lo que dice el cura que el maligno anda suelto.

­­­­El intrépido joven lo miró y tomó rumbo a su casa, agarró una mochila grande y echó sus herramientas de cacería y víveres necesarios. Su abuela Saturnina, de 75 años, sentada en el sofá lo miraba y antes de que su nieto saliera de la casa le agarró la mano y le dijo: ‘No vayas muchacho mira que….' Dejó a la anciana con la palabra en la boca y desapareció.

Solo y con rumbo a la montaña, Cirilo, de 24 años, caminó por un par de horas adentrándose en la inmensa naturaleza, donde la brisa viajaba a velocidad que hasta era posible escucharla y remecía los árboles con tanta fuerza que desprendía sus frutos. El reloj marcaba las 6 de la tarde, cuando se acomodó en una vieja choza abandonada, que era el dormitorio habitual cuando salía a cazar acompañado.

Comió y a los pocos minutos sacó de la mochila sus armas de cacería y a esa hora se metió al monte, camino y cruzó un riachuelo. Eran las 7:00 de la noche y Cirilo solo había logrado atrapar un conejo de monte. Él pretendía cazar el vena'o que por tres años le jugó la pacheca y pasearlo sobre sus hombros por las calles del pueblo, para hacer honor a su apodo ‘Ojo de Tigre'. Cuando decidió regresar a la choza, escuchó ruidos y pisadas entre los arbustos. Cascos de caballo y un silbido al unísono y supo entonces que lo que se movía no era animal de monte. Por primera vez sintió miedo, por lo que apuró los pasos, pero el silbido lo escuchaba cada vez más cerca.

Desprendió el alambre que sujetaba la puerta y entró. Agarró un cuchillo y dibujó una cruz en la puerta y en el piso, se hizo la señal de la cruz, rezó el padre nuestro y se recostó en la hamaca. No lograba conciliar el sueño. A las 2 de la madrugada, escuchó casco de caballo y el silbido casi en la venta. Cirilo no podía moverse del miedo, cuando de repente una sombra se desplazó por las paredes y una voz le dijo--- Cirilo, tú eres mío.--- Quién, quién… anda por ahí.

El pueblo conmemoró la Semana Santa con eucaristías y procesiones y Cirilo no aparecía. La familia preocupada organizó una búsqueda que los llevó hasta la choza, pero él no estaba ahí, no aparecía por ningún lado.

Al cuarto día, familiares y amigos se dispersaron en grupo. ‘Aquí, aquí, gritó un parroquiano. Miren acá arriba en el campanario'. La turba subió y vieron a Cirilo desnudo acostado en forma prenatal, con la mirada perdida y sin poder hablar. Nadie en el pueblo supo nunca qué fue lo que le pasó, porque nunca recuperó el habla. La abuela Saturnina, que se convirtió en su cuidadora un día se acercó, le tomó las manos y le dijo: ‘Ay mihijo, ese día que no me escuchaste, te quería decir que tu tatarabuelo que tenía ese ímpetu de cazador, que heredaste, se fue un día de Semana Santa a montía y nunca volvimos a saber de él".

Por Rolando Rowley especial para El Siglo

Al cuarto día, familiares y amigos se dispersaron en grupo. ‘Aquí, aquí, gritó un parroquiano. Miren acá arriba en el campanario'. La turba subió y vieron a Cirilo desnudo
 

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