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Carnaval enjaulado

Carnaval enjaulado

martes 6 de febrero de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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El grito lo escuchó Beatriz, y se levantó iracunda, una cosa era que su mamá no gustara de Remigio

Ernesta amaneció alterada porque era el día de lavar la ropa interior y no halló su lavadora. Lanzó un alarido que despertó a los miembros de su hogar: ‘Esto es obra de Remigio'.

El grito lo escuchó Beatriz, y se levantó iracunda, una cosa era que su mamá no gustara de Remigio, su marido, y una vileza que lo acusara de caco. Se le enfrentó y de un manotazo le tumbó la taza derramándole el café, lo que para Ernesta era como halarle los vellos íntimos, de manera que se le abalanzó a la hija y tuvieron un topón que, por gracia del cielo, no pasó del verbal, la madre acusó al yerno de ser el responsable de varias ‘cositas' que se habían extraviado, y la hija señaló al amante de Ernesta como el verdadero ladrón.

La doña se defendió: ‘Un momento, mi amante será feo y malhablado, pero es un hombre que suda su plata y que sería incapaz de cogerme algo de mi casa, tu marido sí, yo los oí hablando de irse para el interior a carnavalear, y con qué plata, con plata de adónde si ninguno de los dos trabaja, él fue, y ahora mismo me voy a investigar en todas las casas de empeño, además, Remigio nunca se levanta antes de las once, y qué raro que hoy se levantó temprano y más raro todavía que salió a la calle, dizque a hacer un mandado, seguro que estará en el trámite del empeño'.

Beatriz, desesperada por la amenaza de su madre de salir a peinar las casas de empeño, se puso a llorar desconsoladamente, pensando que, como antaño, debilitaría la voluntad de su progenitora, pero esta ni caso le hizo y salió rumbo a encontrar una pista de su máquina. En el camino se enteró de que otros vecinos también habían sufrido robos, por lo que regresó a su hogar a confesar a Beatriz, quien, después de mucho martirio, aseguró que era el marido de la hija de la vecina el cabecilla del grupo de robalavadoras, y que las seis máquinas hurtadas entre el vecindario ya tenían comprador.

‘Él quiso sonsacar a mi Remigio, pero no pudo', repetía Beatriz, pero ya Ernesta no la escuchaba, estaba donde la vecina comunicándole que su yerno era el autor de los robos, por lo que se fueron juntas a la dirección indicada por Beatriz. En vano todo, porque en ese sitio no había ningún local de compra-venta, al contrario, era un sector donde vivían rabiblancos, por lo que ambas mujeres se regresaron desconsoladas y pusieron la denuncia del hurto.

No les hicieron caso, porque ninguna tenía evidencias, pero idearon levantar el barrio en contra de los supuestos ladrones, quienes regresaron a golpe de mediodía, cargados de paquetes con ropa para culequear y colchones inflables. ‘¿Y qué, yerno, se ganó la lotería o le tocaron los bonos de su abuelito?', le gritó Ernesta.

Remigio dijo que sí, que él había acompañado a su abuelito a cobrar el cepadem y que por eso le había dado su salve para carnavalear. Ernesta quedó desencuadernada, y arrepentida de haberlo llamado ladrón. Estaba Beatriz mirando todo lo que había comprado su marido cuando sonaron la puerta principal. Solo vio que su marido corrió al baño, supuestamente aquejado por un repentino malestar estomacal. Era la mujer del comprador de las lavadoras, que venía con la gorra de Remigio que, al parecer, dejó olvidada en el local de compra-venta. La dama, que venía a escondidas de su marido porque quedó prendada del cuerpote de Remigio, le dio mil explicaciones a Ernesta, quien se hizo pasar por la mamá del ladrón. ‘Ay, sí, su hijo es muy hábil reparando máquinas, mi marido se las pagó bien, porque estaban como nuevas, ese es un gran negocio, comprar lo dañado, arreglarlo y venderlo'.

Esa misma tarde vino la Policía por Remigio, el caco de lavadoras, y Beatriz se irá sola a carnavalear y a lucir los pantaloncitos calientes que su marido le compró. ‘Estas son pa' lucirlas', decía Beatriz y palpaba sus pulpotas engalanadas con el short anaranjado comprado por Remigio.

‘Marido enjaulado, mujer solterita', repetía sin remordimiento ni con Ernesta ni con Remigio.

Interesada: ‘Su novia lo dejó al conocer que era el supuesto padre de Norberto, como llamaron al niño, en
 

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