Curiosidades

Se cansó de ser tratada como un trapo

Se cansó de ser tratada como un trapo

domingo 3 de abril de 2022 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
redaccion@elsiglo.com.pa

La esperanza de Karla era que Ernesto cambiara y diera esa milla extra que tanto necesitaba su relación

Nadie aprende por cabeza ajena. Hay situaciones que hay que vivir para aprender y pasar la página. Tal es el caso de Karla, quien cegada en el amor, no solo dio una, sino varias oportunidades a quien le había jurado amor.

La esperanza de Karla era que Ernesto cambiara y diera esa milla extra que tanto necesitaba su relación. Pero ese cambio de actitud que ella anhelaba de su amado, no llegó, al contrario, con el pasó de los años él se volvía más patán.

Con Ernesto no se podía hablar ni contar en fechas importantes. Él solo se concentraba en sí mismo, y pensaba que con llevar la comida a su hogar, era suficiente. Los cariños hacia su mujer y sus hijas eran poco frecuentes, por no decir nulos.

Pese a lo distante, frío y, en muchas ocasiones grosero que era Ernesto, Karla se babeaba por él, y como no, si ella lo conoció a los 19 años de edad. Fue un amor a primera vista. Cuando lo vio, se le tembló como quien dice todo el piso, aunque no era un galán de telenovelas. Tal vez su color de tez oscura fue lo que le llamó la atención.

Duraron pocos de novios, cuando en un abrir y cerrar de ojos ya estaban viviendo juntos. Todo fue color de rosa al principio. Hasta planearon su primera hija, la que nació un año después de haberse juntado.

En el embarazo, Karla comenzó a descubrir los sin sabores de haberle hecho caso a Ernesto. Su patanería cada vez era peor. Él, que era capitalino, la trataba como una chola, ya que ella era de un pueblo llamado "El Limoso". Le perdonaba los insultos y los desplantes, aunque no hacia la gran cosa para que ella se olvidará de los malos ratos.

Eso sí, no le pegaba, pero si le gritaba y le decías frases hirientes y decidió dejarlo cuando su hija cumplió los 3 años añitos y buscó refugió en su familia.

Todos pensaban que Karla había aprendido la lección. Estaban equivocados, pues cuando su hija cumplió los 5 años de edad, Karla regresó como si nada hubiera pasado a los brazos de su amado. Ella creía que luego de estar separados por años, él valoraría había aprendido a valorar su familia, algo que solo fue su imaginación, pues Ernesto, como empedernido patán que era nunca la dejó de ver como menos. Se creía el papi.

Esta vez la relación duro tres años, porque ella aguantaba en silencio. A toda costa iba a mantener su hogar, pese a su propio sufrimiento. Eran más los días que estaba triste , que lo que estaba feliz. Se la pasaba encerrada con su hija peor que una prisionera.

Una vez, molesta, ella decidió volver a trabajar. Él no estaba de acuerdo, pero no se lo impidió, pero tampoco la ayudó con el pasaje para ir al trabajo. Ella se la ingenió. Trabajo únicamente por tres meses y cada chen chen que se ganó con su sudor lo tuvo que invertir en su hogar. Ernesto dejó de pagar los servicios y de hacer el súper. Todo lo pagaba ella.

Eso no le importó, pues estaba cegada y además, a toda costa estaba dispuesta a luchar por su familia y pagaría los gastos de la casa. Es mi oportunidad, decía. Sin embargo, él se alejaba más y más. Los malos tratos aumentaron.

Karla perdió el trabajo y su liquidación se fue en comprarle ropa para Ernesto y su hija. Como una desempleada más las cosas se pusieron color de hormiga, ya que Ernesto no daba suficiente para la comida ni quería comprarle sus artículos personales. Él no solo jactaba en las redes sociales de ser un hombre soltero, sino que no cumplía con su papel. Ya no era igual ni en su vida íntima. Pero ella seguía ahí firme, aguantando como una guerrera.

Hasta que un día se cansó. Guardó silencio. Lloraba en las noches como una Magdalena. Hasta que tomó la decisión de irse y sin decirle una sola palabra. Recogió todas sus chécheres y junto a su hija regresó a El Limoso.

Él nunca pensó que ella se volvería ir, pese a que muchas veces se lo había advertido. Pero esta vez, no le dijo nada. Karina no estaba dispuesta a seguir aguantando los malos tratos y pidió a Dios que no la volviera a regresar a ese lugar ni con ese patán. Ni lloró cuando llegó a la casa de su mamá. La razón: vivió tantas noches amargas, que sentía que se le habían secado las lágrimas.

Al principio Ernesto hasta hizo chiste de lo sucedido. En las redes nuevamente resaltó que era un hombre libre y que por fin estaba solo. Lo que no sabía, era que esta vez, Karla se fue para no regresar más, y eso le iba a doler.

Pasaron los meses y Karla, estaba más convencida que había tomado la mejor decisión, no quería criar a su hija en un hogar donde no la respetaban, donde imperaban los insultos y la falta de amor.

Ernesto, al darse cuenta que Karla no iba a regresar a sus brazos, la buscó. Pero para su sorpresa, ella estaba rehaciendo su vida y se le veía más feliz que nunca. Fue ahí que se dio cuenta de que la había perdido para siempre y cayó en una profunda tristeza.

Karla no estaba dispuesta a volver con él. Recordó que con Ernesto había vivido los días más tristes de su vida y no quería revivir ese calvario. Se quitó la venda de los ojos y decidió esta vez amarse a así misma y a su hija y no mirar a atrás. Nunca más la tratarían como un trapo viejo.

Karla no estaba dispuesta a volver con él. Recordó que con Ernesto había vivido los días más tristes de su vida y no quería revivir ese calvario.
 

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