Curiosidades

Cambios que duelen

Cambios que duelen

martes 3 de enero de 2017 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
redaccion@elsiglo.com

Estaba en plena faena cuando Yuribeth tiró abajo la puerta, golpeándolo en la cabeza; la mujer no reparó en el herido, sino en la lista.

La partida esperada del 2016 puso sentimental a Diógenes, quien les prometió a las dos que en el 2017 ‘todo sería mejor porque él iba a cambiar'. Sus dos mujeres, Yuribeth, la esposa, y Sandy, la amante, le dieron una interpretación diferente a esas palabras; la primera gritó a los cuatro vientos que su marido por fin dejaría a la zorrita esa, y la segunda se llenó de ilusiones segura de que Diógenes había querido decir que dejaría su hogar para irse a vivir con ella. Ambas pasaron las primeras horas acosándolo para que cumpliera lo prometido. La jodedera doble lo puso tan mal que se le subió el azúcar y casi pierde la brújula, quedó medio ñampeadito y cuando regresó al trabajo se puso a llorar silenciosamente. Uno de los jefes le preguntó el porqué del llanto, y contestó: ‘porque no me gusta esa seguidilla de lunes libres'. El mismo gerente lo llevó a recibir atención profesional y allá le recomendaron que tenía que soltar una cuca si quería conservarse con la mente sana lo que le quedaba de vida.

‘Decídase, un tontón altera los nervios y dos matan, si no me cree vaya al cementerio y verá cuántos han muerto por culpa de esa cosa, unos se han suicidado y otros han sufrido un ataque que los sacó de circulación, así que, amigo mío, la solución está en sus manos, deje una, dos infartan, con una es suficiente', le dijo el médico. Los compañeros le aseguraron que era saludable empezar el año con una lista de los errores, para que caminara sobre seguro y confiado en que a cada uno le daría solución.

‘Debe anotar la lista, clarita y en un papel blanco, a un lado escribe el error cometido en el 2016, empezando por los más graves, y al lado pone todas las maneras posibles para no cometerlos otra vez', le explicó el compañero, y Diógenes empezó la tarea apenas se levantó. Dos horas llevaba en el baño escribiendo cuando Yuribeth le gritó ‘qué es lo que haces metido allí'. El hombre iba a gritarle, pero le dijo amable: ‘Recuerda que mucho culantro me cae mal', y siguió sentado en el inodoro rompiéndose el coco en busca de las posibles soluciones para el primer error anotado: haberles prometido cambios a sus dos mujeres.

Desesperado porque no veía cómo solucionar ese error del 2016, llamó al compañero, que le contestó: ‘Escriba voy a dejar a …, esa es la única solución, no hay más'. Diógenes cogió fuerzas y garabateó en el papel: Dejaré, con mucho dolor en mi alma, a Sandy, porque Yuribeth, aunque ya no la ame, es la madre de mis hijos. Pero nunca olvidaré a Sandy y a la tumba me iré con ese dolor por haberla dejado.

Estaba en plena faena cuando Yuribeth tiró abajo la puerta, golpeándolo en la cabeza; la mujer no reparó en el herido, sino en la lista. Les tocó a los vecinos llevarlo al hospital, porque la esposa dijo que no lo quería más en la casa. ‘No quiero que se quede conmigo si no me ama, miren lo que dice aquí, la dejo con dolor en mi alma, o sea, que se va a quedar conmigo, pero va a seguir soñando con la otra, no, señor, llévenlo al hospital y que lo saque su mamá o la mujer que él sí ama, y esa no soy yo', gritó Yuribeth y cerró la puerta de su casa, dejando a la vecindad convencida de que ella sí empezaba el año con pasos firmes. Las vecinas la felicitaron por hacerle frente a la verdad; mientras, para consolarla, le recitaban a coro la frase de Walter Riso: ‘Nadie vale tanto como para tener dos amores, y nadie vale tan poco como para ser la segunda opción'.

Bellaca: Si se va a quedar conmigo por los hijos, que se largue ya. Fidelidad: En el 2016 enterré la traición.
 

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