Curiosidades

El amor en tiempos de virus

El amor en tiempos de virus

lunes 23 de marzo de 2020 - 11:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Daniel está aprendiendo otro estilo de vida. La empresa en la que trabajaba lo mandó para la casa con la quincena y, desde entonces, apenas sale a...

Daniel está aprendiendo otro estilo de vida. La empresa en la que trabajaba lo mandó para la casa con la quincena y, desde entonces, apenas sale al súper a comprar la comida. Su esposa, que está en teletrabajo, se encierra a cumplir con las obligaciones laborales en el cuarto y él tiene que atender a los pelaos, los que requieren mucha atención.

De lunes a viernes, Daniel tiene que organizar todo lo de las tareas en casa. Antes, preparar el desayuno y estar al pendiente del aseo de los niños. Son experiencias nuevas para él. Cerca de las 9:00 a.m., inician las clases en módulos, por dos horas. Les explica las lecciones y, luego, ellos hacen las tareas; cumplido esto, ya es casi hora de preparar el almuerzo. Durante este tiempo, la esposa apenas sale del cuarto donde cumple el teletrabajo.

Y ahora que en las redes hablan tanto del teletrabajo, Daniel no lo cree tan bendito, al menos para él. Por la naturaleza de su empleo, esta modalidad no se puede implementar, pero sí tiene nociones de cómo funciona o cómo debe funcionar el asunto.

Al final de la primera semana, le fue tomando el ritmo a la cuestión. Estar con los pelaos no era tampoco una carga que no pudiese llevar encima de sus hombros. Como viven en un apartamento pequeño, los niños lo han forzado a ser creativo, a inventar modelos de diversión que puedan hacer sin golpearse en las pocos metros cuadrados que tienen de hogar.

Aún cuando le tomaba el gusto a la crianza de los niños, Daniel estaba decidido a pedirle a Luciana que equilibraran las cargas, que no dedicara las ocho horas del día al teletrabajo encerrada en el cuarto y que le ayudará a convivir con los niños, porque ellos necesitaban de ella también. Un día sacó valor y le expuso la situación.

La respuesta de Luciana dejó pasmado al marido. En pocas palabras, salió de Guatemala para aterrizar en Guatepeor. Al día siguiente, la suegra se apareció con dos maletas. Así que Daniel, en adelante, tenía que incluir la asistencia geriátrica entre sus tareas domésticas.

Ahora, la suegra lo chequeaba mientras veía las novelas. Los niños pasaban la cuarentena de lo más divertido, mientras el padre se sentía cansado. Todas las tardes, a las seis, corría a ver las noticias para ver si levantaban la cuarentena. Cuando escuchaba que los casos subían y subían, porque las personas no se quedaban en casa, le daba un dolor en el pecho.

La suegra apenas se levantaba del sofá a comer. Daniel seguía cabizbajo realizando las tareas que antes del virus apenas hacía. Así, pensando en cómo tratar el tema nuevamente con la esposa, que seguía en el mundo del teletrabajo, se le ocurrió hablarle de equilibrar la balanza. Fue ese día que la esposa le pidió el ceviche con helado de vainilla que solo le pedía cuando estaba embarazada. Daniel sintió que el mundo le aplastaba los hombros, pero se fue a la cocina a preparar el manjar que ella estaba esperando en el cuarto del teletrabajo.

Aún cuando le tomaba el gusto a la crianza de los niños, Daniel estaba decidido a pedirle a Luciana que equilibraran las cargas.
 

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