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Acceso directo

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martes 10 de enero de 2017 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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No le pondría más clave de acceso a su celular y que ella lo podría revisar las veinticuatro horas del día

Entra abrazos, ropa nueva, marrano, pavo y guaro, se repitió el drama anual de las mentiras, cuyo número alcanza cifras inimaginables entre la medianoche del 31 de diciembre y las diez de la noche del día siguiente. Adolfo también se las pegó a su mujercita Beatriz, a la que le juró que

No le pondría más clave de acceso a su celular y que ella lo podría revisar las veinticuatro horas del día. Y para ponerle más sentimiento a la hora del simulacro, también prometió ponerse el delantal los fines de semana, promesa que cumplió al dedillo aunque con resultado negativo porque los platos que no quemó los saló, sin embargo, la convivencia seguía en tranquilidad hasta que Beatriz intentó revisar el aparato y no pudo acceder a los secretos de su esposo.

El hallazgo del celular con clave la puso iracunda y se le abalanzó a Adolfo que compartía unas pintas con los vecinos. ‘Ten palabra de hombre, si prometiste no ponerle clave, mantén lo dicho o es que andas en algo', le gritó y lanzó el celular contra la parte delantera del auto; el aparatillo rebotó como una pelota y escoró en la dura pared de la casa. El ruido despertó a un vecino pinteador que cogía su cinquito debajo del árbol centenario. El hombre se incorporó con cara de susto y preguntando a gritos ‘qué coño pasa aquí, es que no hay respeto por el durmiente, y usted, doña Beatriz, cállese la boca que ya nos quitó la paz con su chilladera'.

Los otros bebedores, envalentonados por las palabras del recién despierto y por las pintas, también le reclamaron a Beatriz: ‘Respete a su marido, es que su mamá no le dijo que al hombre de la casa no se le habla de esa manera, lo ha regañado como si fuera un chiquillo, etc.'.

La reprimenda que recibieron fue verbal primero, y todos se quedaron calladitos, ninguno se defendió de los insultos de Beatriz, pero cuando esta agarró una de las cajas de pinta que estaban en reserva y una por una las fue estrellando contra la pared, los chuposos se pintaron de guerra y a viva fuerza detuvieron el atropello mientras Adolfo, que nunca se defendió ni la tocó siquiera para que no continuara su obra destructora, se afanaba en revivir el celular.

La mujer, sin dejar de llorar histéricamente, llamó a sus familiares para ‘avisarles' que estaba gravemente herida. ‘Adolfo me cortó con unas botellas', fue el informe recibido por los padres que llamaron a la Policía.

‘Adolfo no le tocó ni un pelito ni lo negro de la uña', repitieron a coro los borrachines cuando policías y familiares llegaron a ‘rescatar' a Beatriz, quien, no se supo cómo, tenía dos cortadas en el brazo izquierdo y una en el muslo derecho.

‘Él fue, él fue', gritó Beatriz cuando los vecinos pinteadores se callaron gracias a que los policías amenazaron con sacar sus armas si no cerraban la boca. Cuando esposaron a Adolfo para subirlo al patrulla, los compañeros bebedores se rebelaron y amenazaron con ‘hablar' si los policías no les creían su versión. El jefe del grupo policial ordenó liberar a Adolfo y se perdió con toda su gente, de manera que les tocó a los familiares llevarse a la herida para el hospital, de donde regresó esa misma noche porque las heridas eran superficiales.

Los padres, que aunque viejos todavía no aprendían que en pelea de marido y mujer nadie se debe meter, quisieron llevársela para la casa, pero Beatriz los mandó a perderse cuanto antes porque ella estaba dispuesta a encontrar la fórmula para que Adolfo cumpliera su promesa de Año Nuevo.

Metiche: No le hable traqueado a su marido. Respete, carajo. Farsante: Ya le quito para siempre la clave de acceso a mi celular.
 

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