Curiosidades

63Jodida

63Jodida

jueves 25 de enero de 2018 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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En el vecindario, todos alababan la paciencia de Rodolfo, y algunos hasta sentían lástima por él, por soportar callado el carácter difícil

Cincuenta años antes, Elvira y Rodolfo eligieron hacer juntos el camino de la vida, y lo habían logrado gracias a la paciencia infinita de él, que siempre cedía ante la presión de ella, pero, según los hijos, el don guardaba cada ofensa, cada desplante y cada palabra desafortunada en su corazón, donde se mantenían en una espera callada y larga del momento ese en que explotarían y obligarían a Rodolfo a apretarle el cuello a su mujer.

‘Cuando se muera irá derechito para el cielo, sin escala en el purgatorio, tan solo por haber soportado a mi mamá se ha ganado ese derecho', decían los hijos, pero lo murmuraban bien lejos de los oídos maternos.

En el vecindario, todos alababan la paciencia de Rodolfo, y algunos hasta sentían lástima por él, por soportar callado el carácter difícil de Elvira, quien fue la que organizó el movimiento para impedir que construyeran una casa de citas en el pueblo.

Levantar la protesta solo le tomó dos días, tiempo en el que olvidó por completo que su marido comía y se fue de casa en casa buscando apoyo, sin escuchar, porque nadie se atrevía a comentar delante ni cerca de ella, los comentarios vecinales: ‘El pobre de Rodolfo habrá tenido que ponerse el delantal por ella andar levantando al pueblo en armas, ‘qué más le queda al pobre, ya está acostumbrado, él nunca ha mandado ni sebo en esa casa'.

A las dos de la madrugada empezaron a formarse los protestantes en el puente acordado, unos cuantos maridos acompañaban a sus mujeres armados de palos y piedras, y portando cartelones con mensajes de rotunda negativa a la apertura de lo que consideraban un atentado a la institución familiar.

‘No a la perdición, sí a la familia', ‘queremos trabajo y progreso, no al vicio', eran algunos de los muchos mensajes exigiéndoles a las autoridades que tumbaran ese proyecto.

De uno de los primeros carros a los que se les frenó el paso bajó un lugareño que atacó verbalmente a Elvira acusándola de no contar ni con el apoyo del marido: ‘Dónde está tu marido o es que el movimiento es solo para los pendejos, que se ponga al frente si de verdad son ustedes el matrimonio perfecto', gritó el hombre que tenía fama de mujeriego y que se suponía era uno de los más felices con la noticia de la casa de citas.

Estaba Rodolfo cambiando de posición para seguir disfrutando el sueño de la madrugada cuando se sintió brutalmente sacudido. ‘Párate ya y ven a apoyar el paro, esto es problema de todas las familias', le gritó Elvira, pero, por primera y única vez en el medio siglo de vida común, las cuerdas vocales de Rodolfo se activaron para responderle a su mujer: ‘Yo no voy para ningún lado, a mí me vale v… que abran o no abran esa casa de citas, y deja de joder que estoy a punto de no aguantarte más, eres más jodida que una gata recién parida'.

Elvira reaccionó de inmediato y le vació a su compañero de tantos años la bacinilla con el contenido de la noche, segura de que el hombre había hablado por hablar, y se fue de vuelta para donde estaba el grupo inconforme con las autoridades por dar el permiso para construir un antro de perdición. ‘Ese infeliz está ardiendo en fiebre, por eso no lo obligué a venir', contestó Elvira cuando le preguntaron por qué no había venido Rodolfo.

El hombre llegó en medio de las conversaciones entre los policías encargados de quitarlos del puente y los lugareños, por lo que nadie se percató de que se metió entre los que discutían y le soltó, callado, dos bofetadas a Elvira, quien, sorprendida al extremo, no reaccionó de inmediato. Cuando se percató de los golpes, ya los policías habían esposado a Rodolfo, quien se sacó el viejo anillo matrimonial y se lo lanzó con ira vieja a la cara de la que por medio siglo había sido su esposa.

Se lo llevaron detenido y dispersaron a los querellantes, pero Rodolfo no regresó nunca al pueblo, pese a que Elvira le prometió que ella cambiaría por completo su carácter extremadamente jodido.

El pobre de Rodolfo habrá tenido que ponerse el delantal por ella andar levantando al pueblo en armas,
 

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