Curiosidades

Por dos de 20 (parte 2)

Por dos de 20 (parte 2)

lunes 13 de enero de 2020 - 12:00 a.m.
Redacción El Siglo
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Para sorpresa de todos, la chica que volado los botellazos que fueron derechito a la cabeza de Conchita no era la esposa del doctor. En en ese sen...

Para sorpresa de todos, la chica que volado los botellazos que fueron derechito a la cabeza de Conchita no era la esposa del doctor. En en ese sentido, el man andaba con la verdad: no tenía esposa desde hacía muchos años. Más bien, desde que la dama se cansó de sus llegadas tardes, tanto por los turnos como por las canitas al aire que se mandaba de cuando en cuando.

La Conchita volvió a la casa con su cabeza remendada y cubriéndose los puntos con el pelo y una gorra de la selección de los indios de Veraguas. Cuando se le apareció a la patrona en esas fechas, la jefa se asustó un poco, pero se fue calmando cuando le contó que regresando a casa unos ladrones la asaltaron y no conforme con llevarles la quincena y los documentos le dieron con la cacha del revolver en la cabeza.

Dale con lo menos pesado, le dijo la patrona. Y la Conchita, cuando regresa en el bus, se moría de la risa por lo bien que le quedó la mentirilla del asalto. Pasaron unas dos semanas cuando le sonó el celular. Era él, y le contó un rollo largo de un viaje que tuvo que hacer al extranjero y por eso se ausentó este tiempo y tampoco pudo irla a ver al hospital. Quedaron de verse el sábado siguiente en el toldo donde suspira la gente.

La semana transcurrió sin sobresaltos. De cuándo en cuándo le venía unas punzadas en la cabeza. En el lugar de los puntos, se hacía un moño y no se notaba nada. El sábado, se chaneó de rojo como antes y se fue sin las vecinas al toldo. Más bien las vecinas se fueron adelante sin invitarla porque pensaron que tenía que guardar reposo.

En el toldo, la misma rutina, pidió la mesa y dos sillas y una botella de agua fría. El doctor tardó una media hora en llegar. Apenas se sentó en la silla, le entregó una cajeta pequeña que traía en el bolsillo. El acordeón comenzó a sonar y ella de primera para la pista.

Conchita tenía entre ceja y ceja que la muchacha de los botellazos iría esa noche por la revancha y estaba más que lista para dar la pelea. Demasiado pendeja, se decía, si se dejaba revolcar otra vez de una ‘culicagá' que quería arrebatarle a su príncipe azul.

Cerca de las 3 de la madrugada, cuando ya el guaro hace estragos en los bailadores, Conchita ve que alguien se acerca a su mesa. Se pone a la defensiva. La mujer se viene acercando, no trae nada en las manos. Viene en son de paz, piensa. Llega a la mesa y saluda al doctor como si estuviese sola. Como una felina, Conchita salta sobre la mesa y se aferra a las greñas. Mesas, sillas y todo lo demás comenzó a rodar.

Se encienden las luces. Pocas veces se encienden las luces en los toldos. En un patrulla las montaron a empujones. En cosa de 15 minutos estaban esperando al juez de paz.

En el lugar de los puntos, se hacía un moño y no se notaba nada. El sábado, se chaneó de rojo como antes y se fue sin las vecinas al toldo.
 

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