Crónica roja

Una tarde en la sala de urgencias del Complejo

Una tarde en la sala de urgencias del Complejo
LG / El Siglo

Los pacientes tienen que esperar hasta tres días para ser ubicados en las habitaciones del Complejo, no hay camas.

lunes 15 de abril de 2019 - 12:01 a.m.
Leadimiro González C.
lgonzalez@elsiglo.com.pa

La demanda del uso de servicio de urgencias de esta institución se ha cuadruplicado en 26 años

La pesadilla empezó un sábado por la tarde. Una llamada telefónica cambió en segundos el plan que tenía.

‘Hay que hospitalizar a tu padrino', me dijo una voz gruesa, seca, detrás del teléfono.

Era de Carlos, el hombre encargado de cuidar a mi padrino postrado en una cama desde hace once meses.

‘Ya voy', dije.

Me vestí lo más rápido que pude, salí de casa y me monté en el bus corredor.

Una vez en casa de mi padrino llamamos a la ambulancia.

Minutos después dos paramédicos llegaron a la casa.

Tras unos breves chequeos, lo sacaron de la cama y lo sentaron en una silla.

Lo ataron a la silla para que no se cayera y luego lo bajaron por las empinadas escaleras hasta que llegaron al estacionamiento.

Allí lo acostaron en la camilla y lo montaron en la ambulancia.

Yo me senté junto al conductor, y el vehículo arrancó con su ruidosa bocina por las calles rumbo a urgencias de la Caja de Seguro Social en la vía Transístmica.

La sala

Eran casi las 5:00 de la tarde cuando la ambulancia se estacionó en la puerta de la sala de urgencias.

Bajaron a mi padrino y lo metieron a la sala. Un médico se acercó y empezó a hacer preguntas y a verificar datos. Edad, de dónde viene, qué le pasó, si es alérgico a algún medicamento, etc, etc, etc.

En la sala los doctores se movían de un lado para otro. La mayoría de los pacientes eran personas mayores que esperaban ser atendidos.

Un hombre de unos 70 años permanecía acostado en una camilla sin camisa y con una mascarilla en el rostro. No podía respirar bien.

La recepcionista, sentada frente a la computadora, llena datos, es el pan de cada día para ella.

‘¡Mensajero a recepción!, ¡mensajero a recepción!, se escucha en el alta voz que retumba en toda la sala y en los pasillos.

‘Yo no dejé mi cafecito por aquí', dice un doctor que entra a la sala de urgencias. El estetoscopio le cuelga en el cuello y tiene los cabellos blancos, a pesar de que tiene unos 35 años.

Pequeña

La sala de urgencias del Complejo se ha vuelto pequeña, casi no caben más camas. Parece un campo de batalla con muchos heridos.

Para ingresar a cualquier paciente la recepcionista pregunta de todo, hasta que religión profesa el enfermo, como si eso importara a la hora de buscar atención médica.

Luego entregan un brazalete con el nombre del paciente.

En la sala de urgencia el frío se cuela en los huesos. ¿Será que estamos en el polo norte?

El sol de la tarde atraviesa la puerta de urgencias y le pega en el rostro de una de las recepcionistas.

La mujer está sentada frente a la computadora, bosteza, ¿será que tendrá hambre o estará muy cansada?

De pronto se abre la puerta y un hombre en camilla entra a la sala. Es un motorizado. Aparentemente fue atropellado. Su novia está junto a él. Carga el casco en las manos y trata de consolarlo. El médico se acerca y lo examina. El doctor apunta en un papel y el paramédico le entrega otro documento.

‘Hay que tomarle las placas', dice.

Alguien me llama y respondo el celular. Un policía con cara de matón se me acerca y me dice que no puedo hablar por teléfono y que debo salir.

‘Pero le están haciendo unos exámenes a mi padrino y tengo que esperarlo', le digo.

‘¡Salga!, me dice y me retiro para evitar discusiones.

En el pasillo el frío hace temblar a la gente. Si no llevaste abrigo, pasarás páramo.

Mientras espero que me llamen y atiendan a mi padrino trató de aguantar el frío.

‘Café caliente, vengan, hay café caliente', dice una mujer.

Y los familiares de los pacientes van formando fila para calentarse el cuerpo.

‘Con azúcar o sin azúcar', pregunta la funcionaria. Cada uno responde a su gusto.

Y así pasan los horas, el reloj marca las doce de la noche o tres de la mañana, mientras esperas a que te atiendan.

Saturación

Los números . El año pasado, según la Caja de Seguro Social, acudieron al servicio de urgencias 493 mil 533 pacientes, la mayoría clasificados como ‘urgencias verdaderas'. Las autoridades aseguraron que en la última década se ha cuadruplicado la demanda del uso de la sala de urgencia. Hacen un llamado a los asegurados para que hagan un uso adecuado de este servicio para evitar la sobrepoblación.

Población

CANTIDAD

la CSS pasó a tener 2 millones de personas protegidas, entre cotizantes activos, jubilados y dependientes, según una nota publicada


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