Crónica roja

Melquiades mató y enterró a su mujer detrás de la casa

Melquiades mató y enterró a su mujer detrás de la casa

Mató a la única testigo de la violación de la adolescente. Doble crimen.

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domingo 22 de septiembre de 2019 - 12:00 a.m.
Pablo Castillo Miranda
pablo.castillo@elsiglo.com.pa

Luego de matarla asistió con sus hijastras a un culto en un templo evangélico

Silvia Elizabeth Rodríguez Morán, de 30 años, vivía en El Pedernal, una comunidad de Santiago de Veraguas, se había separado del padre de sus tres hijas menores. Esperaba un compañero que le ayudara a salir adelante, pero no imaginaba la horrenda tragedia que surcaba su oscuro cielo.

A finales del mes de abril de 2014, Eli -como le llamaban de cariño sus familiares y amigos - había recibido una particular invitación de un conocido suyo: Melquiades Romero Suárez, de 23 años. ‘Vente a vivir conmigo, yo te ayudo con tus hijas, vamos a vivir bien', fue la propuesta del citado pretendiente.

¿Qué ocurrió?

El alma de Eli cuidaba a sus hijas desde el otro lado, -dijo una vecina- estaban en inminente peligro y tal vez ella alertó a su hija de 7 años.

La niña había visto cuando el infame padrastro enterraba a su madre en un hueco que hizo en el patio posterior de una sencilla casa de bloques sin repellar, ubicada en La Esperanza Arriba, en Felipillo, corregimiento de la 24 de Diciembre, ahí vivía alquilado con la mujer a la que le había prometido protección, ayuda y amor. Nadie sabía nada.

La niña lloraba día y noche en silencio, para que él no se diera cuenta, la ausencia de su adorada madre. La pequeña salió una noche a caminar sin rumbo buscando a su madre; eran las 12:09 en la oscura calle cuando algunos vecinos encontraron a la infante llorando desconsoladamente.

Un vecino llamó inmediatamente a la policía, algo había pasado, con la vecina Eli, hacía quince días no la veían y la niña desorientada y confundida la extrañaba deambulando.

La pequeña daba indicios de haber visto a Mequiades abrir un hoyo y tirar algo dentro de el.

Al siguiente día la policía llegó al lugar de trabajo de Melquiades, un almacén de venta de materiales, él manejaba un panel mediano, el chino dueño del comercio dijo que hacía días que él no iba a trabajar.

La policía uniformada rodeó su casa en Felipillo y luego se retiró para dar paso a los autos particulares con agentes de civil, tenían cierta confusión porque no sabían que el asesino había abandonado la casa donde vivía con Silvia y las tres niñas y había alquilado un cuarto muy cerca de allí. Allá estaba Eli enterrada y su voz lejana lo atormentaba.

El viernes 30 de mayo, Melquiades llegaba al cuarto y fue capturado por los oficiales de la policía, varios patrullas sitiaron el lugar. Detectives y fiscales conversaron con el sospechoso, usando técnicas bastante avanzadas que le hicieron confesar su crimen.

El móvil

La investigación realizada por la Dirección de Investigación Judicial, la Fiscalía de la Niñez y Adolescencia, en conjunto con peritos del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (Imelcf), concluyeron que el probable móvil del crimen fue porque Melquiades había embarazado a la hija mayor de Eli, de 14 años.

Por tratarse de una menor para entonces y así proteger a las víctimas sobrevivientes, preferirimos obviar algunos datos por respeto y pulcritud a ellas, sin embargo, un testigo cuya identidad no revelaremos, comentó que ‘cierto día Romero aprovechó que Eli había salido, sedujo a la menor y tuvo sexo con ella, la situación fue repetitiva hasta dejarla embarazada. Silvia se dio cuenta de que algo estaba mal desde el día en que su hija mayor se levantó varias veces en la noche a vomitar', relató la fuente.

Al día siguiente Silvia llevó a la adolescente al médico solo para que este le confirmara el embarazo, ella no durmió en toda la noche, llorando, discutiendo y reclamando por un lado el vulgar abuso sexual contra la menor y por otro su infidelidad. Ella lo iba a denunciar -continuó el relator.

Fue para esos días que desapareció Silvia Elizabeth, aparentemente la mató en la madrugada cuando sus hijas dormían.

¿Por qué la mataste?

En una entrevista realizada en la noche de su captura, el 30 de mayo, con agentes de la DIJ y fiscales de la Sección de Homicidios del Ministerio Público, Melquiades confesó que le disparó dos veces a Silvia Elizabeth y luego abrió un hoyo no muy profundo en la parte trasera de la casa y la sepultó, luego despertó a la mayor de las niñas y la tomó.

El resumen del protocolo de la autopsia de Silvia reveló que había fallecido entre 12 y 15 días antes de ser exhumado su cuerpo.

Tres días después del crimen, Romero había ido con sus tres hijastras a una iglesia evangélica ubicada en el sector de Rogelio Sinán, en San Miguelito. El culto religioso inició a las 8:30 de la noche, llegó en el busito blanco en el cual trabajaba, se mostró de forma natural y los feligreses lo recibieron; durante el servicio religioso el pastor preguntó quién asistía por primera vez y, Mequiades levantó la mano.

Al unísono los participantes le dieron la bienvenida con apretones de manos y abrazos, sin saber que tres días antes había asesinado y enterrado a su mujer. A las 10:30 p. m., terminado el evento religioso, se retiró con sus hijastras.

Vecinos de Rogelio Sinán indicaron que Melquiades era cliente todos los fines de semana de la cantina El Chaparral, en el barrio donde se crió, ahí le clavaron el apodo de ‘El Macaraqueño', debido a que usaba un sombrero pintado y cutarras.

De acuerdo con el criminólogo Marco Aurelio Álvarez, Melquiades es un homicida con rasgos psicopáticos, porque entre los delitos cometidos entra el de contra la integridad física y sexual contra su hijastra y el asesinato a su pareja.

‘Se ha demostrado científicamente que en los psicópatas criminales existe una íntima relación conceptual entre la violencia y la psicopatía, pues muchas de las características que son importantes para la inhibición de las conductas violentas y antisociales, -empatía, capacidad de establecer vínculos profundos, miedo al castigo y sentimientos de culpa- se encuentran seriamente disminuidas o simplemente ausentes en los psicópatas', aseguró Álvarez.

El psicópata está condicionado por un primario trastorno de la vida afectiva que implica una dificultad de su actividad familiar y su contacto interhumano'.

MARCO AURELIO ÁLVAREZ / CRIMINÓLOGO


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